Un mal trago para la Casa Real
19.02.2012 | 05:45A nadie le ha dejado indiferente la noticia de que el yerno del Rey, Iñaki Urdangarin, puede ser imputado por una presunta malversación de fondos públicos a través de unos convenios que el Instituto que presidía firmó con el Gobierno balear del corrupto Jaume Matas.
Todo el mundo tenemos derecho a la presunción de inocencia, y esto es algo que se olvida cuando el dedo acusador se pone sobre un personaje público y comienzan un sinfín de juicios paralelos y linchamientos varios. No seré yo quien caiga en ese tipo de conductas, pero sí pediré que se trate a Iñaki como una persona cualquiera en un proceso que puede traer más de un disgusto a la Casa Real.
Por suerte, nuestra realeza no está casada con los escándalos como sucede por ejemplo en Inglaterra, en parte porque los pocos que ha habido se han cubierto rápidamente con un tupido velo. Como periodista amante de la libertad de expresión no me gusta esa censura que la Casa Real ha impuesto en más de una ocasión con el objetivo de "proteger" la figura del monarca. Estoy seguro de que si alguno hubiera salido a la luz la monarquía estaría muy "tocada", aunque al final todo ha quedado en rumorología popular más o menos fundada.
Aunque considero más democrática una república —sin que esto signifique que tenga el más mínimo aprecio a la de 1931— como español respeto a la Familia Real y valoro su trabajo en momentos como la Transición. Pero al mismo tiempo considero que los españoles hemos sido muy benevolentes con algunas actitudes de la infanta Elena, los "numeritos" de Marichalar, el linchamiento a una mujer como Isabel Sartorius y la aceptación sin reparos de Letizia, la abultada asignación en los Presupuestos o la simpatía que ha tenido don Juan Carlos a los presidentes socialistas sabedor de que tenía que ganarse a la izquierda porque la derecha ya le era fiel. Por este motivo considero que los españoles no podemos tragar con otro trato de favor a la monarquía —si se produce— en un asunto tan serio con una presunta malversación de fondos públicos. Hay que exigir que al señor Urdangarin se le trate como un ciudadano más y que la Casa Real ofrezca en todo momento explicaciones de lo que sucede, algo que de momento no ha pasado. Está en juego la credibilidad de nuestra democracia y el concepto universal de que todos somos iguales ante la ley. En tiempo complicados como los que estamos viviendo la Familia Real tiene que ser consciente de que sus "súbditos" no van a pasar ni una y más en asuntos que tienen que ver con un parné que cada vez es más escaso.
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