De pláticas y sermones

07.04.2018 | 04:45
Alberto Estella

Desde su lejanía, mi hijo me manda el conocido video de la Reina obstaculizando la pretendida foto de doña Sofía con sus nietas, y me pide opinión. Le contesto: "Pláticas de familia, / de las que nunca hice caso". Al día siguiente Camacho en ABC tituló "Pláticas de familia", y con su habitual sagacidad, sostenía —celebro la coincidencia—, que era una "anécdota. Mas categórica resulta, en cambio, la ausencia de doña Leonor en el homenaje a don Juan" (25 años de su muerte).
Hay que ver la que armó don Juan Tenorio cuando, reprendido por su escandalizado padre, le soltó a Don Luis Mejías lo de las pláticas. El año que viene cumple el Tenorio —Don Juan no, el drama—, 175 añitos. Es de esas obras que, como "La venganza de don Mendo", entretiene, el personal viejo se sabe los versos fáciles a retazos, aunque me temo que, por eso que ustedes se imaginan, dejará de representarse. El caso es que don Luis y don Juan acaban de contar el número de sus denigrantes "hazañas" amatorias y el chuleta de don Juan apuesta a que en solo seis días conquista a la prometida de su rival (la Pantoja, Isabel no, doña Ana) y a una novicia (doña Inés, Arrimadas no, de Ulloa). Don Diego le llama monstruo y se marcha, "desolado te abandono; / me matas€ más te perdono". Y ahí es donde el protagonista le hace una higa a su padre y le dice a su adversario "no hay que extrañar la homilía / son pláticas de familia" (No acentúo homilía, dejo la palabra en llana, como hizo el escritor pucelano en plan zorro —bueno, Zorrilla—, para que rimara con familia).
El desencuentro entre el severo don Diego y su vástago cachondo e inmoral, es uno más de los existentes entre padres e hijos a lo largo de la historia de la humanidad, que naturalmente perviven. Mas ahora no se le dice al padre no me eches una homilía, no me sometas a una plática, de sermones ni medio, responsos menos... Aquí platicar no significa exactamente lo mismo que en Méjico o Colombia, charlar. Zorrilla lo empleó como monserga, regañina. Los jóvenes no conocieron al célebre párroco don Santos, de San Juan de Sahagún, abroncando a la feligresía, a los y las "babiecas". Ahora no dicen la tabarra, la lata, dicen no me des la brasa —o la turra—, déjame en paz, que no te voy a hacer (ni puto) caso. Y el progenitor se pliega, como el del chiste que pregunta "A qué hora vuelves a casa esta noche", y el retoño le contesta descarado "A la que me salga de los cojones"; ante lo que, en un alarde de ficticia autoridad, el padre advierte: "¡Pero ni un minuto más!".

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