El desafío más silencioso

02.04.2018 | 04:45
El desafío más silencioso

El monotema lo ocupa todo para mayor gloria de unos y desgracia de otros. Porque mientras los independentistas se sienten cómodos en ese papel de mosca cojonera que copa portadas de periódicos y telediarios, el resto vemos que nuestros problemas han desaparecido de la agenda si es que algún día estuvieron. Los que vivimos el golpe secesionista desde la distancia que dan los kilómetros y las diferencias de carácter, empezamos a estar cansados de tanto egoísmo engreído. Porque si ellos quieren estar dando todo el día la murga con su puñetera identidad mientras descuidan la sanidad, la educación y los servicios sociales, allá ellos. Que con su pan se lo coman. Pero el resto tenemos otras prioridades que son precisamente esas y alguna más. Ya se darán cuenta del tiempo precioso que están perdiendo.
Hace unos días Aurora Nacarino-Bravo publicaba en El País un interesante análisis sobre los polos opuestos que representan Cataluña y Castilla (y León). Decía que mientras las andanzas del criminal Puigdemont y sus compinches es lo único que importa en este país, nuestra Región sigue fuera del foco a la vez que se desangra a golpe de éxodo poblacional. Pero claro, eso no interesa ni genera controversia más allá de nuestras fronteras imaginarias que han cambiado mil y una veces a lo largo de la historia.
Pues sí, Castilla y León no encabeza la lista del mayor número de idiotas por metro cuadrado, pero sí la de las comunidades que más población pierde. Más de 24.000 habitantes al año, en su mayoría jóvenes, que se van y que difícilmente volverán. A pesar de las trabas que cuentan en las regiones que imponen la dictadura estúpida de la lengua propia, la gente prefiere volar ante la falta de oportunidades y de futuro. Ese ha sido el gran fracaso de la gestión de Juan Vicente Herrera al frente de la Junta. El verdadero pufo que dejará a su sucesor. De nada sirve que tengamos un sistema educativo modélico si luego esos jóvenes que formamos con mimo se ven obligados a demostrar su talento en otros lugares. Porque de un tiempo a esta parte las infraestructuras que se demandan en los pueblos son residencias de ancianos. Nos hacemos viejos y nos morimos como comunidad. Parece que hemos llegado a un punto de no retorno.
Solo hace falta dar una vuelta por el medio rural y ver el panorama. Da igual que sea un pueblo con un atractivo turístico indudable. No hay nadie para sacarle partido. En Salamanca lo vemos en algunos pueblos de Las Arribes. Está muy bien que esta Semana Santa los accesos al Pozo de los Humos parecieran la M-30 en hora punta. Pero, ¿qué más ofrecemos? No hay jóvenes que tomen la palabra para hacer una auténtica infraestructura turística en la zona y que el visitante que llegue no se encuentre con el tradicional "sota, caballo y rey". Muchas rutas no están señalizadas, la oferta de actividades de turismo activo son mínimas, no existen alojamientos y restaurantes con un atractivo singular y diferentes al resto, espacios dignos de visitar están abandonados o su acceso es un auténtico deporte de riesgo. Pero tranquilos, parece que la solución a todos los problemas es la dichosa mina. Mal vamos sin pensamos así.

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