¿Tú también?

11.02.2018 | 04:45
Joaquín Leguina

Con ocasión de los atropellos sexuales perpetrados por el productor audiovisual Harvey Weinstein ha nacido en los EE.UU. un movimiento femenino que viene operando bajo la denominación Me too, que ha promocionado las denuncias presentadas por actrices y otras mujeres conocidas. Denuncias que, como resultado inmediato, han puesto en la picota a una multitud de varones célebres (actores, directores, ministros€), con las consecuencias de "justicia rápida" tan queridas por esos movimientos inquisitoriales. Ataques que lo primero que destrozan siempre es la presunción de inocencia. Basta una denuncia para que "el culpable" sea condenado al ostracismo social. Por ejemplo, la denuncia de un muchacho asegurando que el actor Kevin Spacey le había acosado hace treinta años ha traído consigo que el actor haya sido excluido de cualquier producción audiovisual. Un ministro británico presentó su dimisión porque hace unos años le había tocado ¡la rodilla! a una muchacha.
A cuenta de ese arrollador impulso se ha vuelto a poner en la picota a Woody Allen, a base de una denuncia (manipulada por Mia Farrow) que data de hace un cuarto de siglo y según la cual Dylan, la hija adoptada por Farrow y su entonces marido el músico André Previn, había sufrido a sus siete años "tocamientos" por parte de Woody Allen.

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