Maneras de malhablar castellano

10.02.2018 | 04:45
Juan Antonio García Iglesias

Dicen que hablando se entiende la gente, sí, pero solo aquella gente que quiera entenderse, ya que si no hay voluntad, por mucho que hable, no habrá entendimiento. El diálogo es una de las bases fundamentales de la convivencia y cuando el diálogo falla la convivencia se resiente volviéndose difícil e incómoda. Y al contrario, cuanto más intenso y fluido sea el diálogo más fácil y cómoda será la convivencia. Además, convivir es compartir y cuanto más se comparta mejor se convive.
Compartir un idioma siempre ayuda a entenderse y cuando el entendimiento es un deseo o, aún más, una necesidad, no hay idioma por desconocido que sea capaz de impedirlo y siempre se acaba entendiéndose, mejor o peor, porque es una reacción natural. Mal enemigo de la convivencia es la imposibilidad de entendimiento, peor aún si esa imposibilidad es voluntaria, como medida estratégica para conseguir un fin, circunstancias que se dan mucho cuando la voluntad de entenderse o de no entenderse viene impuesta por un interés político, que oscila y cambia conforme lo hace la conveniencia que impone el juego de quienes se dedican a hacer política.
España es un ejemplo de cómo convertir por arte de birlibirloque un territorio compacto, donde cabían todos y compartían todo, en un mapa salpicado de terruños aislados y exclusivos, donde animados por el concepto tan en boga de la diversidad cultural desprecian lo que de común tienen, apartándose de los demás para encerrarse en ellos mismos y sus entretenimientos.

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