De soso, nada

09.02.2018 | 04:45
De soso, nada

Hemos superado el Jueves Lardero así que estamos oficialmente en carnaval. Al Jueves Lardero se le denomina también de la Mona, de la Tortilla y en algunas localidades salmantinas, Merendero. Lardero es lo mismo que tocinero, así que podríamos llamarlo Jueves Tocinero porque el tocino determinaba la cocina de carnaval con sus torreznos hechos en la sartén que el Miércoles de Ceniza había que limpiar a fondo y guardar durante toda la Cuaresma para que no contaminase el pescado ni despertase tentaciones. De esto y del Jueves Lardero habla el Arcipreste de Hita en su Libro del Buen Amor, uno de cuyos copistas fue nuestro Obispo Paradinas, origen de la calle del Arcediano y hombre clave en la arquitectura renacentista romana. Su copia está en la Universidad de Salamanca después de una larga estancia en Madrid. El libro del Arcipreste narra cómo este se encontraba en la mesa con Don Jueves Lardero cuando llegó un mensajero informando de la revuelta de Don Carnal, lo que puso en marcha a los ejércitos de Doña Cuaresma, entre los que estaba la "noble lamprea" que protagoniza una parte de la actualidad gastronómica de estos días. También el cocido.
Se acaba de presentar la Guía del Cocido por Salamanca. Treinta locales lo ofrecen en toda la provincia. Un guiso que entusiasmó a reyes (Alfonso XIII o Isabel II, "La Chata", además de a nuestro emérito), escritores (Azorín, Umbral o Cela) y actrices (Ava Gardner, nada menos), según leo en la revista Tapas de Gastronomía, que le dedica al cocido un divertido artículo. Le parecerá mentira a los de cocido diario en otro tiempo que hoy sea estrella en los restaurantes, o a aquellos que comían en casa de comidas, pero a esto se ha llegado. Yo recuerdo de mi infancia el permanente olor a cocido en la escalera de mi casa. Quizá fuese devoto de él Pío Baroja de quien se edita estos días una obra extensa y variada en la que participa nuestra Ascensión Rivas escribiendo de las mujeres barojianas, y que se presenta esta tarde en Salamanca. Juan Miguel Muñagorri, académico de la Gastronomía Vasca, dejó escrito años atrás que Baroja era "un gourmet oculto en sí mismo, un hombre que por su cultura y educación gustaba de los buenos platos, los buenos vinos y los buenos restaurantes". Resulta curioso que uno de los templos del cocido madrileño se encuentre en la calle Pío Baroja de Madrid.


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