Nevada polémica

08.01.2018 | 04:45
Nevada polémica

Quedarte atrapado en carretera durante una nevada no es la mejor forma de rematar unas minivacaciones navideñas. Todo el buen rollo familiar que uno atesora tras varios días de encuentros y abrazos se va escurriendo muy lentamente por las rejillas de la ventilación del coche, y los buenos recuerdos dejan paso, en primer lugar, a la inquietud por el incierto viaje que nos espera. Después llega la indignación por el desamparo, más tarde sobrevuela un cierto sentimiento de culpabilidad por no haber salido antes y finalmente te invade el cansancio y el sueño. En los colapsos suficientemente largos, da tiempo a experimentar todas esas sensaciones y alguna más, como el hambre o tal vez el frío. Eso ya son palabras mayores.
Miles de ciudadanos que viajaban este fin de semana han sentido la impotencia de desconocer cuándo llegarán a su destino. Esta experiencia se ve agravada por la incertidumbre de no saber si podrás dormir en casa, ni cuándo se moverá esa cola interminable de vehículos, ni hasta donde llega la retención, o ni siquiera qué la produce exactamente. Mucha de esa información está hoy a nuestro alcance en nuestro móvil. Pero es invierno y nieva, y en esta época del año la gente tiene la costumbre de viajar. Nada que no haya sucedido toda la vida. Y año tras año, no hay nevada más o menos seria en España que no traiga consigo un gran colapso circulatorio. Parece que no hay forma humana de evitarlos.
Pasar unas cuantas horas encerrado en un coche entre la nieve es una de esas experiencias que podrían incluirse en la formación práctica de un ministro de Fomento, un director general de la Guardia Civil o un responsable de Protección Civil. No deseo el mal a nadie, pero desde quienes organizan el cotarro sería esperable un poco más de empatía hacia nosotros los administrados. El ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, calificaba en unas prudentes declaraciones de "dramática" la situación que vivieron muchos ciudadanos en la citada autopista, y señalaba la responsabilidad de la empresa concesionaria en la limpieza viaria al tiempo que anunciaba su próxima comparecencia en el Congreso para informar de los hechos. Mientras tanto, portavoces de su departamento preferían apuntar, como suele ser habitual, que buena parte de los miles de conductores que quedaron atrapados en el curso de la AP-6 en las provincias de Ávila, Segovia y Madrid no llevaban cadenas en sus vehículos o habían hecho caso omiso de las advertencias de peligro emitidas desde la Dirección General de Tráfico.
Y esto es muy cierto. El optimismo en exceso se torna peligroso cuando uno se sienta al volante, y basta con un vehículo que derrape sobre el hielo para que otros muchos viajeros no lleguen a la hora de cenar a su destino. Pero ante las primeras reacciones producidas tras los primeros monumentales atascos de este 2018, he vuelto a revivir mi propia experiencia de 2004 y me da la impresión de que nada ha cambiado. Y lo digo desde la autoridad que me confiere haber cubierto los 45 kilómetros que separan Briviesca y Burgos camino de Salamanca en el notable tiempo récord de 12 horas cuando, para más inri, ya no nevaba.

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