Ochenta primaveras del Rey emérito

07.01.2018 | 04:45
Julián Ballestero

Los Reyes Magos no nos trajeron nada del Niño, que hizo como el Gordo y pasó de largo en Salamanca para quedarse enterito en Bilbao. Pero al menos tenemos a los Reyes, que ayer estaban de fiesta, y al parecer al emérito también le ha tocado el gordo, por lo que ha ensanchado la figura en estos tres años y medio que lleva en el paro.
A estas alturas y con ochenta primaveras a las espaldas, don Juan Carlos ya tira de bastón y no está para chanzas ni homenajes, que siempre fueron su fuerte. Así que ayer, en el acto protocolario de la Pascua Militar, se sentó a la derecha de doña Sofía con ganas de pasar el mal trago cuanto antes y se limitó a escuchar la retahíla de lisonjas que fue desgranando con cariño de buen hijo el Rey Felipe.
Dicen que tal día como ayer de 2014 don Juan Carlos tomó la decisión de retirarse a sus palacios de invierno, con motivo de su 76 cumpleaños, pero no fue hasta el 2 de junio cuando nos desayunábamos con la inquietante noticia de la abdicación del Rey, que en sigilo había preparado el relevo y tenía todo atado y bien atado.
Entonces no nos preguntábamos tanto por las razones por las que había abdicado, que eran muchas y obvias, sino por los motivos que le llevaron a no hacerlo antes. Ahora, cuando su figura se deja ver en la escena nacional silueteada en negro entre bambalinas, no podemos sino reconocer el papel trascendental que jugó en el advenimiento y la consolidación de la democracia en España, dos méritos de tanto peso que compensan de sobra su propensión a rodearse de malas compañías y su escaso aprecio a la fidelidad conyugal.

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