Lo que habíamos pedido

05.01.2018 | 04:45
Lo que habíamos pedido

Ya vienen los Reyes Magos y lo hacen cargados de mal tiempo. Hemos pedido con tanta insistencia lluvia y nieve, que han escuchado nuestra petición y aquí están sus majestades con oro, incienso y mirra, y agua, nieve o viento. Así lo queríamos y así lo desean nuestros Reyes Magos, que son una metáfora de la vida, como me relataba hace un tiempo Mariano Casas, archivero mayor de nuestra Catedral, y así se explica que la Epifanía sea un recurso artístico en algunos sepulcros, como los de Rodrigo Díaz o Diego Garci-López en la Catedral Vieja, pero la escena de la Adoración está también en la fachada de la Catedral Nueva, en el retablo de la Vieja, o en las pinturas de la Capilla de San Martín, en la misma, o la Capilla de Santa Catalina; también en el albercano "Auto de los Reyes", que se representa hoy. La vida no es sino un viaje guiado por una estrella e impulsados por la fe, al final del cual nos postramos ante la imagen de un niño al que ofrecemos aquello que hemos conseguido en la vida. Así de bello es el relato y quizás a ello se resuman tantas cosas que se han ido complicando.
Los Reyes Magos nos traen no solo el mal tiempo reclamado por campos, embalses y salud, también el conocido Roscón, cuyo origen nos lleva a Roma, como casi siempre. Entonces era una torta y el esclavo que hallase el haba quedaba libre temporalmente. Luego fue una rosca y eran niños los protagonistas: el afortunado descubridor del haba pasaba de pobre a rey en un día. Jordaens lo retrató en su cuadro "El rey bebé". Después vino el "gateau de rois" de la corte francesa, donde Felipe V lo disfrutó en el palacio de su abuelo y lo trajo a España. Felipe V, a quien debemos la Plaza Mayor y fue el primero de los Borbones españoles, tiene en esta dos medallones, porque reinó en dos ocasiones. De los palacios, el Roscón pasó a los hornos y se hizo popular. A Salamanca debió llegar con el triste noventa y ocho, o quizá antes. No tengo una fecha exacta. Seguramente vino de Madrid. El Roscón es mi dulce favorito y especialmente sus frutas escarchadas que son también una metáfora de los zafiros o esmeraldas de los tesoros reales. Y suelo comerlo tras el paso de la Cabalgata, y con su correspondiente chocolate, claro. "El chocolate excelente/ para que cause placer/ cuatro cosas debe ser;/ espeso, dulce, caliente/ y de mano de mujer", lo que me recuerda que dos mujeres, Joanne Harris y Laura Esquivel han escrito lo mejor del chocolate.


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