Unas mansas okupas

16.12.2017 | 04:45
Unas mansas okupas

¿Ha entrado usted en alguna ocasión en la ermita de la Vera Cruz?. Está a punto de desaparecer una escena mágica, momentos que hay que vivir con los ojos muy abiertos, respetando el silencio solemne del pequeño templo, el asombro de los visitantes, y las oraciones de los fieles. Cuadro que describe Antonio Colinas en "La dama blanca", con unos versos – a mi torpe juicio -, de entre los mas hermosos de su obra. Él sabe que mas allá, fuera de este "horno de oro", escribe, "cruje el invierno€y el mundo no cesa de entreabrir sus heridas". Hay demasías llagas : la exclusión social, el paro, la violencia€El inmediato Campo de San Francisco ofrece algunas muestras lacerantes de ello. ¿Pero en el interior de la ermita?. Pues dentro, nos dice, "se afervora un hondísimo misterio". Relata porqué : "Una mujer arrodillada alza/ sus ojos allá arriba, donde está/ en la custodia el círculo del círculo,/ el infinito centro de lo blanco". La dama es una monja, revestida de hábito inmaculado, a la que se ve de espaldas, tras el enrejado. Vela el Santísimo, con su llama permanente, y mira la redonda hostia de blanca harina que está en el retablo churrigueresco, dentro de la barroca custodia.
Esa dama y sus Hermanas, llevan sesenta y cinco años en vela incansable, probando con sus rezos "a cerrar las heridas del mundo sin mover/ los labios, en quietud", dice el poeta. Es una de las diez Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Inmaculada que aún quedan en la clausura de la ermita y que se turnan, tenaces en su fervor, para velar. Pero pronto se irán, porque la propiedad del inmueble pertenece a la Cofradía de la Vera Cruz, la mas antigua de Salamanca, actualmente con unos quinientos cofrades. Ignoro que habrá sucedido para que la Congregación marche, repartiendo sus hermanas por otras clausuras de España. Me lo ha contado un amigo que las ayuda y he leído a una amiga periodista que habla de "relación difícil", "choques", "años complicados para la clausura". No lo se. Pero uno mi llanto espiritual al suyo material, el que confiesan abiertamente las Hermanas, que se han dejado la vida en la Vera Cruz.
Me sumo a sus lágrimas porque he visto muchas veces ese cuadro que no se volverá a contemplar, casi en solitario, con algún devoto o turista ocasionales. Tengo grabada la estampa, especialmente a la hora del Ángelus, con las voces virginales que salen del trascoro, penetran en el espíritu e inundan el alma de buenos sentimientos. Y porque he llevado a muchos forasteros – y algunos salmantinos -, por Domínguez Berrueta, o bordeando las Úrsulas, para compartir ese hechicero momento con la dama blanca. Para mi resulta inenarrable, pero en el verso de Colinas, ella "siente en su interior, como una esfera/ de música y de llamas".
En tal oasis de espiritualidad, las abnegadas cuidadoras de la ermita, las dóciles Hermanas - me atrevo a llamarlas cariñosamente mansas okupas -, dejarán muy pronto de escoltar el Santísimo, y en desamparo la Vera Cruz, privándonos de esos momentos seductores que aún disfrutamos en la Salamanca menos conocida y mas íntima. Lástima. Ellas bordan y su misión "la han bordado". No se lo que habrá ocurrido para que la Cofradía recupere la plena posesión, y además parece irremediable, de suerte que no opino. Mi lamento es personal, sin destinatarios, porque desaparece de una prosaica vida - y van idas demasiadas cosas -, una experiencia que sin llegar a mística, se le parecía.

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