Un día, un lugar

15.12.2017 | 04:45
Un día, un lugar

¿El día?: cualquiera de este mes de Diciembre. ¿El lugar? : un café de los muchos que existen en Salamanca. Es la hora del desayuno. Unos jóvenes desconocidos se acomodan alrededor de una mesa y, después de pedir su consumición, sacan como autómatas sus teléfonos móviles. Ignoro que consultarán pero, de pronto, oigo el pequeño llanto de un bebé. Observo con curiosidad cómo una joven le toma en sus brazos y, lógicamente con la mayor naturalidad, se apresta a amamentarle. Hasta aquí todo normal. Observo con un poco de sorpresa que la escena parece pasar inadvertida por los adultos incluída la madre que, atenta a su móvil, parece no prestar atención a su pequeño que se ocupa presto a tomar su alimento. La pequeña y perfecta mano se posa en el seno de su madre pero ni esta tierna caricia le hace abandonar el teléfono. Mi incomprensión es absoluta pero, claro, los que consideramos la grandeza de la maternidad, tal vez propia de otros tiempos, debemos estar bastante desfasados de algunos modos del presente que vivimos.
Mis pensamientos caminaban por otros derroteros. Sabemos que el cerebro infantil es extremadamente moldeable y que su crecimiento en los primeros años de la vida es acelerado. Ese quehacer casi compulsivo de las nuevas tecnologías ¿influirían y de qué manera en el bebé de mi historia?. En el tiempo que estuve a su lado no escuché ni una conversación entre ellos. A lo más palabras sueltas o monosílabos. Desde mi manera de ver las cosas era lo más parecido a la incomunicación. Con la riqueza que aportan las tertulias entre amigos aunque las posiciones ideológicas sean encontradas.


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