¡Puf, la Navidad!

11.12.2017 | 04:45
¡Puf, la Navidad!

La Navidad nos agobia con sus empalagoso bálsamo cada año un poco antes, tan pronto que tal parece que llega a los escaparates y a los mostradores de abasto de los supermercados con el curso escolar de septiembre. Es guardar los bañadores, y ya están las sofisticadas damas, de escotes y piernas interminables, anunciando los perfumes irresistibles en el francés de Baudelaire, prometiendo el paraíso erótico al que regale el tarro. Un delirio.
Y ahora ya entrados de lleno en la pesadilla, las calles se iluminan con un dechado fosfórico propio de churrería en recinto ferial, los escaparates inflaman sus ofertas con el abolengo de los plateados, las pomposas bolas de color rojo carruaje o los falsos abetos de plexiglás iluminados. Y lo que es peor, trepan a los balcones de las casas inapropiados papas noeles, que ni por edad ni por físico alcanzarán jamás el objetivo doméstico. Sé de algunos desaprensivos que han ejercitado su puntería disparando con escopetas de balines al gorro del orondo finlandés. Tal vez por eso su presencia está en declive.
¡ Puf, la Navidad! Mediado noviembre empiezan las llamadas a la parentela, las conspiraciones familiares, las citas alegres y los desplantes desdeñosos.
—Este año nos toca en casa de mi madre, si quieres como sino.Y sabes qué te digo, que me alegro. No hay quién aguante al sabihondo de tu cuñado.
—Mira, prefiero no hablar de la familia porque me pongo enferma. La que de verdad es insoportable es tu sobrina, tan perfecta, tan deportista, tan encantadora. A veces dan ganas de tirarle con el turrón duro a la cara.
Así el exitoso y fácil mensaje de paz universal, las perpetuas voces de los niños del coro llevando y trayendo al tamborilero de Belén o dando de beber a los peces del río, invaden los comercios y las calles, donde ya nos asedian desde hace meses con el catálogo interminable de los mazapanes y turrones, que al socaire de la renovada gastronomía de nuestros estrellas Michelin, presenta algunas novedades audaces: Turrón de gin&tonic con frutos rojos, mazapanes de serpiente con ojazos de pimienta negra y lo mejor e inevitable, miles de "caganet", la tradicional figura del Belén catalán, con el Puigdemont ciscándose alegremente en la Constitución del setenta y ocho.

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