El puente

04.12.2017 | 04:45
El puente

Aviso, me voy de puente. Estos días no estaré. No es una decisión propia –ya me gustaría—sino un imperativo médico. Poca cosa, espero, pero "cosa" al fin y al cabo, entre la L4 y L5, de las que yo no sabía nada hasta que José Ignacio Garrido me puso al tanto. El cuerpo tiene memoria, me dicen, y en su momento debí de hacer algún esfuerzo de más. Y esta es la razón de mi "puente". Que acabo antes, reapareceré más pronto, porque no sé si ustedes me echarán o no de menos, pero un servidor a ustedes sí. Quizás aproveche este receso para leer algo de Aubrey de Grey –nada que ver con las "sombras"—y enterarme de qué es eso de llegar a vivir mil años, que imagínese los saludos: ¿Qué tal? Aquí, viviendo. ¿Esto no es vida! ¡Por más que lo intento, nada, ni un catarro! ¿Tú recuerdas cuando se hizo aquel parque hace mil años? Parece que fue ayer y ya ves, seguimos con el mismo concejal de obras. Si cumpliese hoy mil años, podría hablar del nacimiento de la Universidad de Salamanca e, incluso, habría visto cómo se hacía la Capilla de Santa Bárbara, donde los pobres estudiantes pasaban aquellas noches terribles, encerrados y solos en ella, esperando el examen al amanecer. Temerosos de todo, ponían sus pies sobre los del fundador, Juan Lucero, buscando ayuda. Cuántas veces estuvo Julio Robles en capilla, pero otra capilla y otro tipo de examen. Nació un día de Santa Bárbara, cuatro de diciembre, y quizás por eso tenía aquel carácter. Los estudiantes siempre han tenido una querencia especial hacia la noche, pero no creo que fuese por aquellas madrugadas en capilla. Yo pasé unas cuántas en otro tiempo, en el "Santa Bárbara" de Cipri en la calle de Bordadores, cuando el "Santa Bárbara, bendita, tralaralará€" era una canción revolucionaria. Si me dicen que de aquello han pasado mil años, le creo. A la Santa la tienen de patrona en Tabera de Abajo, Puerto de Béjar o Aldeatejada, que son pueblos explosivos en muchos sentidos. A Grey, el de los mil años, vino a presentarle Iñaki López, moderador de las tertulias de la Sexta Noche, al que no le auguro mil años de vida con ese trabajo suyo de moderar lo inmoderable: una faena de alto riesgo. Mientras presentaba, su mujer, Andrea Ropero, paseaba a su criatura por las calles de Salamanca. Quizá termine estudiando en Salamanca y pasando madrugadas en capilla.
Para llegar a la Capilla de Santa Bárbara puede pasarse por la Plaza de Anaya, que se ha convertido desde hoy en el Mercado Navideño. Una curiosa iniciativa de la que alguno va a salir congelado. Si una calle salmantina es gélida, esa es la que discurre entre las catedrales y la fachada posterior de la Universidad de Salamanca, cuyo viento pasa antes por Anaya, ahí donde se menciona la apacibilidad de la vivienda salmantina, quizá por eso. No es la primera vez que un mercado recala ahí, de hecho, ahí estuvo antes que la Catedral Nueva el azogue viejo o azok, mercado, que luego se fue a la Plaza de San Martín. Aquello era un mercado en toda regla; lo que ha venido después son mercadillos.

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