Gente en doble sentido

04.12.2017 | 04:45
Gente en doble sentido

Por si aún faltaba algo para que esta sociedad elevase el consumismo a la categoría de liturgia, Madrid se ha decidido por fin a regular el tráfico peatonal de consumidores en el entorno de la Puerta del Sol como si de una procesión de Semana Santa se tratase. Entren ustedes por aquí, pasen y vean, trasteen, compren, salgan por este otro lado y, por favor, no se me amontonen que las aglomeraciones generan mucho estrés. Vamos a intentar que la marcha procesional circule con fluidez en beneficio de todos. La medida del consistorio que preside Manuela Carmena ha levantado el lógico revuelo que habitualmente generan muchas de las decisiones de este Ayuntamiento que trascienden y que tienen que ver con cuestiones de interés público. El enfrentamiento político propicia que a menudo se nos presente a determinados alcaldes maquinando maldades en perjuicio de la población, da igual en su día Ana Botella o ahora Manuela Carmena, cuando de lo que se trata es simplemente de intentar hacer más fluido el tránsito peatonal. La medida a bote pronto me parece una ocurrencia que requerirá un tiempo para ser valorada, pero reconozco que no tengo ni idea de cuál será su efectividad. Habrá que esperar.
Regular el tránsito de peatones puede parecer una barbaridad que no conducirá más que a generar crispación entre los vecinos y turistas que acuden a esta zona comercial, tal vez la más frecuentada de España. Pero convendría recordar que también se alzaron en su día voces críticas contra los cierres de las calles al tráfico que dieron paso a las primeras peatonalizaciones. No viví el veto a los vehículos en la Plaza Mayor, pero casi cuatro décadas después resulta insólito que se defendiera el acceso de los coches al empedrado alegando cualquier excusa relacionada con facilitar el acceso a los comercios. Por suerte, la declaración de la Plaza en 1973 como monumento histórico-artístico de carácter nacional impulsó la voluntad de respetar y proteger el patrimonio y a finales de esa década, nuestra joya arquitectónica quedó libre de coches.
Una década después, el Ayuntamiento culminó la peatonalización de la Rúa Mayor primero y de las calles Toro y Zamora más tarde, iniciando un proceso de cierre progresivo al tráfico de coches en el centro histórico que continuó después y seguirá sin duda en el futuro. Comerciantes de ambas calles impulsaron la constitución de asociaciones para defender sus intereses, que veían amenazados, y no fueron pocos los que temían que el veto de estas céntricas calles a los coches asfixiaría sus negocios al dificultar la llegada de clientes. Ya se vio después que estos temores resultaron infundados y que los negocios del centro que no han sobrevivido en los últimos 25 años podrían culpar con más o menos razón —yo creo que escasa— a la política de aparcamientos subterráneos, al trazado del transporte público o a las confluencias astrales en su contra, pero se equivocarán si no encuentran respuestas en la pura dinámica de la competencia comercial.
La medida implantada en Madrid responde al pico de afluencia de público generado en estas fechas prenavideñas que se iniciaron en el cansino "Black Friday" y continuará esta semana de diciembre tan salpicada de fechas en rojo. Yo de estas cosas no sé mucho, pero si un día ya lejano se inventó la señal de prohibido el paso estableciendo las calles de sentido único para agilizar el tráfico, quizás sea el momento de intentar algo con los peatones en las zonas más atiborradas de gente como la Puerta del Sol. Y ojo, que si bien en la calle Toro los encuestadores que nos abordan no llevan micro sino carpetas azules, transitar por la calle Toro entre el arco de la Plaza y la del Liceo en sábados de rebajas no es mucho más desahogado que hacerlo por Preciados y El Carmen.

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