Ya puede espabilar la industria

13.11.2017 | 00:14
Ya puede espabilar la industria

Vivimos rodeados de rarezas. Lo de Cataluña, lo es, sin ir más lejos. También lo es que a algunos les dé por quemar un contenedor a la puerta de la Casa de las Conchas; igual querían prenderla por alguna extraña razón, no sé, aversión a las conchas y las flores de lis, por ejemplo, o a los libros. Un trastorno raro que la ciencia debería estudiar por si podemos evitar otras acciones similares o una recaída de estos chicos, pero antes, que pasen por "caja". Hay más enfermedades raras de las que nos creemos, una afirmación que me hizo una conocida en la marcha de ayer en apoyo de las enfermedades raras, que no acaban de atraer el interés de la industria farmacéutica. Soy de la opinión de que el mundo avanza hacia un tiempo en el que veremos más enfermedades raras, incluso que estas sean corrientes, así que ya puede espabilar la industria. Vi en la marcha a mucho personal de enfermería, profesores, como mi amiga Concha y su hijo, Víctor, en su vehículo, y familiares de afectados por una enfermedad rara. Víctor, un enamorado de la observación del tiempo, que estudia con sus chismes, libros y cuaderno es uno de los 26.000 casos que tenemos en Salamanca, donde se cuenta con una unidad de enfermedades raras, que falta hace, a la vista del dato.
Me parece raro, le dije a Alain Saldaña, presidente de los hosteleros, que el Foro del Ibérico no se haya celebrado antes y me dio la razón, al tiempo que me aseguraba que la idea es que dicho Foro se celebre cada dos años. Porque si en algún lugar podemos hablar con cierta autoridad del ibérico es aquí, en Salamanca. En pocos lugares el cerdo ha tenido tanta importancia. Desde La Alberca, con aquellos arrieros que llevaban sus chorizos por toda España, o Candelario, donde la temporada de matanza era dantesca, a Guijuelo, cuya chacina se ha universalizado. El verraco forma parte de nuestra prehistoria y el cerdo de San Antón, de nuestras tradiciones. Además, la cocina salmantina de la carne fresca de cerdo es amplia y sabrosa, desde las manitas a las orejas, dando una vuelta por el rabo y la jeta, que José Antonio, el padre de Víctor asa de maravilla en casa. Una barra de bar o una carta de restaurante sin referencias porcinas o resulta ser un espacio vegetariano o ahí hay gato encerrado. Una rareza.

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