Chiquito, Grande de España

13.11.2017 | 00:12
Chiquito, Grande de España

Ahora que la sede del Ministerio del Tiempo está cerrada por tiempo indefinido, nos vamos a colar en sus dependencias para dar un paseo por la España de 1994. Europa sangraba en Bosnia, Induráin dominaba el Tour y la selección española se volvía del Mundial de EEUU con la nariz rota de Luis Enrique por el codazo de Tassoti. La era socialista de Felipe se ahogaba entre acusaciones de corrupción y el "váyase, señor González" de Aznar; Mariano Rajoy era diputado por Pontevedra y un periodista de "El Punt" de Girona, Carles Puigdemont, publicaba ese año su libro "Cata... ¿qué?", un análisis de la imagen que la Cataluña postolimpica tenía en la prensa internacional. Pero pocos imaginaban que de aquel programa veraniego de cuentachistes que improvisó una cadena privada emergería un singular personaje que tendría una repercusión tan insólita en este país.
Dicen que la distancia más corta entre dos personas es el humor. Solo compartiendo esta sentencia, una de las más atinadas y certeras que conozco, puede entenderse la conmoción en oleada que ha sacudido España este fin de semana tras la muerte del ciudadano Gregorio Esteban Sánchez Fernández, el ya eterno ´Chiquito de la Calzada´. Iba a escribir ´el humorista´ pero no sería justo ni correcto limitarlo a ese término tan usual. Lo que hizo Chiquito, seguramente sin proponérselo, es reinventar el humor en España emprendiendo un nuevo camino por donde antes no había nada parecido. Los chistes que él representaba no eran los más graciosos, pero el personaje que creó, con su vocabulario marciano, sus tics, sus movimientos pseudomecánicos y hasta sus camisas tan poco discretas lograron innovar el género y atraer la atención de todo un país que en otras cosas no, pero en humor puede ser considerado una potencia mundial. En este sentido, el personaje "Chiquito" podría compararse sin riesgo de exageración al ´boom´ que supuso Cantinflas en el México de los años 40 y 50 y en todo el mundo hispano. Tipos inclasificables, muy enraizados en la cultura y los tópicos locales y muy difícilmente traducibles al público extranjero. La diferencia es que a Gregorio Esteban Fernández la fama le vino a visitar 30 años después que a Mario Alfonso Moreno. No le dio para traspasar fronteras, pero si la recibió tras acumular experiencias, pasar hambre y hasta emigrar a un país extraño — muy extraño para alguien nacido en la Calzada de la Trinidad—, para poder comer. Lo de la fama tardía seguro que le importó muy poco.

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