Con la historia a rastras

04.11.2017 | 04:45
Juan Antonio García Iglesias

El factor sorpresa proporciona a veces satisfacciones que por inesperadas animan la existencia de quienes y cuando sin buscarlo encuentran lo que no esperaban. Un buen sitio para agradables sorpresas es, sin ir más lejos, la Feria del Libro Antiguo, que luce (mañana cierra) su espléndida mercancía entre casetas de horrible estética, más horrible aún cuando el entorno monumental que las cobija es de una belleza singular. El choque estético daña la vista, pero tiene solución, por lo que habrá que ir pensando en ella y ponerse manos a la obra.
Muchos se acercan a la Plaza con la idea de curiosear lo que allí está expuesto, van a por nada específico, con la idea de ver lo que hay y si algo les llama la atención pararse a hojear y descubrir las interioridades de un libro viejo que huele a rancio, esencia que atrae en algunos más que el contenido mismo. No es mi caso, aunque ese olor me atraiga y lo respire con agrado, olor que alimenta tanto como el del pan recién salido del horno.
Pues curioseando estaba cuando me llamó la atención un autor: Conde de Romanones, un tipo camaleónico, muy peculiar, monárquico de fidelidad inquebrantable, no como otros, y sin embargo liberal, que capeó con inteligencia y astucia temporales colosales y vadeó con destreza cuantos ríos se le cruzaron en la vida, todos ellos revueltos. El título del libro: Notas de una vida. Me picó la curiosidad por ver qué escribía de sí mismo y qué de los demás, y lo compré. No me ha decepcionado.

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