Gracias Puigdemont

12.10.2017 | 04:45
Susana Magdaleno

A Puigdemont no se le entendió en el Parlamento catalán porque no quiso que se le entendiera: así, entre aclaraciones de lo que dijo o quiso decir ha logrado mantener al menos hasta el lunes el circo del procés.
En sus planes estaba alargar más el momento de poner el cartel de "república independiente de Cataluña" porque ahora tenía demasiados frentes abiertos para que fuera un éxito, pero su trabalenguas, con la declaración de la independencia que luego suspendió, afortunadamente no ha colado.
Rajoy, al que tanto se le esperaba desde hace días, actuó buscando primero el apoyo de PSOE y Ciudadanos, para, a continuación, activar el artículo 155 de la manera más prudente que podría imaginarse, que es la de darle a Puigdemont la oportunidad de que le entendamos.
De hecho fue tan prudente en su exposición, que también costó entender si lo que dijo el presidente del Gobierno en su intervención de la mañana suponía que se activaba ya el famoso artículo o no.
Confirmado, si ahora Puigdemont mantiene que no proclamó la independencia y sólo amagó, la vía del diálogo se abre, y si, por el contrario, dio el paso aunque no le entendieran ni los suyos, se aplicaría el 155. El Ejército está ya preparado para apoyar en Cataluña a la Guardia Civil y Policía Nacional, como no podía ser de otra manera.
Y la pelota, devuelta el martes de forma enrevesada por Puigdemont al Gobierno, vuelve a estar de nuevo en el tejado de los independentistas, y por un plazo muy limitado de tiempo. Si el lunes no hay respuesta, el árbitro pitará el final del esperpento catalán.
Tampoco Rajoy podía permitirse seguir a la espera de los acontecimientos, como hasta ahora, porque la mayoría de la sociedad consideraba que ya era el momento de actuar y no le concedía mayor margen que el de los propios plazos que exige la aplicación del 155. La paciencia inagotable del presidente consumía desde hacía días a demasiados.
Es cierto que después de lo ocurrido el 1-o, cuando hubo votación aunque fuera ilegal, la sociedad estaba excesivamente dividida en relación a la actuación de las fuerzas de seguridad y del propio Gobierno.
En cambio, a lo largo de la semana, Rajoy fue sumando apoyos y cargándose de razones para que la entrada del Ejército en Cataluña no contara con el rechazo del resto de fuerzas democráticas y de gran parte de la sociedad: primero fue el discurso del Rey, que podría haber firmado el propio Rajoy; luego la aclaración de las mentiras de agresiones vividas el 1-o; el trato vejatorio a Policía Nacional y Guardia Civil; y la respuesta ciudadana manifestándose a favor de las fuerzas de seguridad y frenando el independentismo con un golpe de bolsillo directo a las empresas con sede en Cataluña.

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