El momento de frenar a los golpistas

11.10.2017 | 04:45
Julián Ballestero

La desfachatez de los golpistas catalanes ha llegado a su punto más alto con la declaración "fantasma" de independencia proclamada ayer de manera solemne por el presidente de la Generalidad, Carlos Puigdemont. El máximo responsable de la ruptura de la sociedad catalana y del intento de romper la unidad de España sigue haciendo y deshaciendo a su antojo, continuando con la hoja de ruta marcada por el manual secreto del ´procés´ que pasa por elevar la tensión política y social y por forzar al Gobierno de la nación a negociar desde una postura de fuerza.
La esperada intervención de Puigdemont ayer ante el parlamento regional se convirtió en uno de los espectáculos más lamentables en la historia de la democracia en nuestro país. El ´president´ aprovechó la atención de todos los medios de comunicación nacionales e internacionales para ofrecer al mundo una versión llena de mentiras sobre lo ocurrido con el nacionalismo en los últimos años, un verdadero modelo de tergiversación de la historia reciente de Cataluña y de España, con la que pretendió demostrar que los separatistas son la crema de la crema de la democracia y el Gobierno de la nación, el Tribunal Constitucional, el Congreso de los Diputados y el resto de los españoles una auténtica cuadrilla de represores fascistas.
Solo el hecho de que semejante sarta de embustes haya podido ser escuchada por millones de personas demuestra que los poderes del Estado han llegado demasiado lejos consintiendo el pulso que los rebeldes mantienen frente a la legalidad, la Constitución y la convivencia pacífica en nuestro país.
Puigdemont no tuvo la valentía de declarar de forma rotunda y definitiva la independencia de Cataluña y de anunciar acto seguido la creación de una república separada de España, pero sí dijo aceptar lo que él interpreta como mandato de las urnas del 1-O de declarar la independencia, aunque lo hizo para proponer al mismo tiempo que el Parlamento catalán la suspendiera para dar paso a una negociación con el Estado. Este montaje responde a una estrategia bien definida de los golpistas, en la que se combinan las trampas y la indefinición. Porque ni quedó clara la declaración de independencia, ni quedó acreditado que el Parlamento regional aprobara su suspensión.
Es todo una trampa tendida a los poderes del Estado y a la comunidad internacional. Una añagaza de los líderes rebeldes para evitar ir directamente a la cárcel y a la vez mantener a fuego la tensión y la insurrección.
El señuelo de la trampa preparada por Puigdemont se llama diálogo y mediación. Sabe perfectamente que nadie va a dialogar con delincuentes golpistas como los que ahora mismo le acompaña en la aventura secesionista, pero la propuesta le sirve de excusa para acusar al Gobierno de Rajoy de intransigente y para buscar de paso complicidades entre las formaciones políticas a las que les encantaría que España saltara por los aires o que no tienen clara su posición respecto a la unidad de la nación, como los Comunes, Podemos o el Partido Socialista Catalán.

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