Miré a los muros de la patria mía

30.09.2017 | 04:45
Alberto Estella

Mañana pasará sin duda a la historia de España, y no precisamente como fecha gloriosa. Uno no quisiera incidente alguno que lamentar, ni un pelotazo de goma, pero se dan muchas coincidencias para que la jornada produzca sucesos de primera página. Porque no se ventila ya la celebración o no de un referéndum – que es el pretexto -, sino la capacidad de movilización y provocación astuta y callejera del nacionalismo, frente al Estado de Derecho y su monopolio de la fuerza. Los acontecimientos no van a reducirse a una fecha. Las barcelonesas Ramblas, desde que una furgoneta las sembró de cadáveres, seguramente no volverán a ser aquellas apacibles del cuentecillo de mi recordado Magín, que comenzaba : "Iba un palomo cojo paseando tranquilamente por las Ramblas, con La Vanguardia debajo del ala€".
Pasado mañana previsiblemente continuará el enfrentamiento, que no será solo dialéctico, entre la Constitución y las fuerzas que deben defenderla, y los obstinados nacionalistas que la atropellan. Estos, alentados por sus militantes más aguerridos y por los comandos europeos de anti-sistemas y camorristas que han desembarcado en Cataluña. Incluso por niños. ¡Qué disparate!, sólo manipula y utiliza la infancia el yihadismo. La semana siguiente al 1-O, podría volver a llamarse, ojalá no, cual aquella de 1909, bautizada expresivamente como "la semana trágica de Barcelona". El desencadenante fue mucho más banal, pero su balance terrible, y no por la irrelevante caída del presidente Maura. Ojalá aquí la cuestión fuera sólo el acoso al PP y posible derribo de Rajoy.

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