La paz prohibida

15.09.2017 | 04:45
Juan Antonio García Iglesias

Q UÉ menos que tener la fiesta en paz. De momento la estamos teniendo, espero que en paz siga y que en paz acabe. País nuestro, de trileros, tuercebotas, tocahuevos y demás cochambre a su libre albedrío€, donde ni a los muertos dejan en paz, último caso flagrante, de enorme impacto mediático y asombrosa frivolidad fue el de la exhumación por orden judicial de Salvador Dalí a cuento de una presunta hija suya que al final resultó no serlo, sin embargo no aceptó el resultado de las pruebas del ADN y anuncia que seguirá su lucha. Si algún juez o jueza se presta al juego, pues adelante con los faroles y que sea lo que la señora quiera. La señora tiene 61 años, conque tiempo ha tenido antes, con su presunto padre aún vivo y coleando, para reivindicarlo, pero no, ha esperado más de veintiocho años, que son los que Dalí lleva muerto, para emprender su cruzada, ahora, cuando vaciar tumbas se ha convertido poco menos que en un fin al amparo de una ley o de ninguna, simplemente porque sí.
Dije que estamos teniendo la fiesta en paz y así es, aunque esta paz no dependa tanto de quienes la quieren como de quienes la desprecian, por eso es una paz en precario que puede saltar por los aires en cualquier momento. Este momento no ha llegado, así que toquemos madera para que no llegue nunca.

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