A recoger

11.09.2017 | 04:45
A recoger

Toca recogida. Colocar los libros del verano en su estantería, devolver los discos a sus fundas, meter la ropa de estos meses a sus cajones para que inverne hasta el año que viene, reciclar papeles, reubicar las botellas no abiertas en su bodega, revisar la fecha de caducidad de las conservas que se quedan en la despensa, cortar el agua, la luz, el gas, el último fumigado, tener la certeza de que algo se me olvida pero no sé qué€Quizá soy yo el que se queda y no me doy cuenta. Qué cabeza la mía€Y todo ello, con la resaca del sábado de Feria, con la parroquia en la calle como ni no hubiese un mañana, tambores por aquí, Antonio Orozco por allá, cantándole al destino. Casetas, bares y terrazas a reventar; la propia Plaza Mayor colgó el cartel de completa, como si ya fuese Nochevieja Universitaria. Estamos demasiado lejos de los huracanes caribeños, aunque no tanto del catalán, pero no veo que sea una gran preocupación en la calle, donde no era tema de casetas. Por ahora. Hoy toca la movida de la Diada, cuando las bellotas se cuajan en las encinas, los membrillos van tomando su amarillo intenso y por aquí y por allá se comienza a vendimiar, mientras los tratantes de cerdos cierran negocios en los soportales de la Plaza y en el Casino al calor de la montanera. La Navidad está ahí mismo.
La vendimia ferial de este fin de semana ha de ser buena por la cantidad de vecinos que había en las calles y plazas. Los estudiantes han vuelto y han regresado también los veraneantes, y se notaba. Los que se marcharon de puente fueron sustituidos por turistas llegados desde Extremadura, principalmente, donde hay una gran afición a la Hípica, me comentaron en el Campo de Tiro, cuya competición anual ha vuelto a ser un éxito, como la Salamaq, a la espera de hacer cuentas, aunque el de público está garantizado. Pero en los corros feriales se notaba la preocupación por la lluvia, que no llega: "parece mentira, con lo que está cayendo en otros lugares", he escuchado. Parece que también ha triunfado el Mercado Barroco, tan abarrotado de productos, que no parecía un mercado de época, y menos de aquel Siglo de Oro tan repleto de hambrientos y pícaros, como nuestro Lázaro. No había manera de andar por él en algunas horas. Hemos conocido mercados romanos, medievales, celtas, del Siglo de Oro€nos van quedando menos.

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