A vueltas con el turismo

04.09.2017 | 04:45
A vueltas con el turismo

El turismo es un gran invento. Ignoro si la frase se le ocurrió al productor Pedro Masó, al director, Pedro Lazaga, o fue una ocurrencia de su protagonista. Pero cuando van a cumplirse 50 años de la icónica película protagonizada por el inolvidable Paco Martínez Soria, la aparente unanimidad con la que los españoles dábamos por buena la popular sentencia está siendo cuestionada desde algunos sectores sociales e incluso políticos. La necesidad o no de controlar y regular esta importante actividad económica, y el modo de hacer frente a los manifiestos abusos que ya se hacen evidentes en las zonas más explotadas son cuestiones que conforman uno de los debates que se ha instalado este año con fuerza en los foros de discusión de la opinión pública. Y ha llegado para quedarse.
La competencia turística es dura en nuestro entorno cercano. Los países mediterráneos nos miramos de reojo para captar a los turistas del resto de Europa y de otros continentes. Y en el actual escenario de Occidente, la seguridad es un factor que cuenta mucho. Pese a todo, si la tendencia se mantiene, España podría concluir el año alcanzando los 84 millones de visitantes, superando por primera vez a Francia como destino turístico más visitado del mundo. Pero mientras en algunos muros españoles hemos empezado a ver pintadas de "Tourists go home", al otro lado del Mediterráneo lo que se lee en los muros cercanos al aeropuerto de Atenas es "Tourists welcome". Un mensaje bien distinto de un país que, pese a los problemas que también presenta el sector, se esfuerza en cuidar su gallina de los huevos de oro.
Desgraciadamente, y aunque el turismo siempre es noticia recurrente en España, la violencia ha desencajado este verano lo que era un debate socioeconómico convirtiéndolo en un asunto de estado con múltiples frentes a todos los niveles. El atentado de la Rambla ha sacudido a nuestro país haciendo aflorar de nuevo la loable solidaridad de la sociedad española contra la irracional amenaza yihadista, pero también ha sacado a bastantes descerebrados de sus cuevas que, a falta de más luces, se han limitado a dar garrotazos a quien les convenía. Dos semanas después del zarpazo terrorista. el país se relame de sus heridas y los profesionales del sector turístico, que como es normal tienen que dedicarse a lo suyo, evalúan consecuencias. Al igual que otras ciudades que fueron objetivos de los salvajes, Barcelona acusó el golpe con cancelaciones de vuelos en los días siguiente, pero hoy día las reservas ya superan las del año pasado por estas fechas, según acaba de declarar el ministro Álvaro Nadal, que afirmaba, en una frase no sé si afortunada, que Barcelona es una ciudad "a prueba de bombas".
España necesita el turismo, un sector que supera el 11,2% del producto Interior Bruto nacional y que aportó el año pasado a la economía española en torno a 125.000 millones de euros. Es por eso que cualquier ataque interno a los bienes del sector, como los protagonizados por los grupúsculos que alientan lo que se ha dado en llamar turismofobia, no sirven más que para pegarse un tiro en el pie de la economía local.

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