Una España dividida

29.08.2017 | 04:45
M. Vicente

Ni la palabra "unidad" sirvió para esconder la realidad de lo que ocurrió el pasado sábado en Barcelona. La indignidad de algunos representantes públicos no dio ni un momento de tregua para llorar junto a las víctimas, para apoyarlas y darles calor, ánimos y, en definitiva, arroparlas para que sientan que no están solas.
Hasta el lema de la manifestación ya no me parece ni siquiera inocente. ¡No tengo miedo! Fue el grito que comenzó a escucharse durante el minuto de silencio en la plaza de Cataluña al día siguiente de los atentados de Barcelona y Cambrils, unas palabras que parecía que habían nacido espontáneamente de la ciudadanía y eran fruto de la rabia y del dolor tan recientes. Sin embargo, son tan ambiguas que bien podrían haberse utilizado, como el dolor y la rabia, por políticos que no respetan ni tan siquiera las más de un centenar de víctimas.
La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, y los impresentables independentistas utilizaron el acto del sábado a su antojo, permitieron abucheos al Rey como jefe del Estado, una figura consagrada en la Constitución española que ha respaldado la mayoría. Les guste a unos pocos o no, es así. Como hemos podido comprobar una vez más, los secesionistas catalanes son la peor de las dictaduras, porque son incapaces de guardar respeto a los que son o somos más y no pensamos como ellos.

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