Último lunes del verano

28.08.2017 | 00:28
Último lunes del verano

Último lunes de agosto. El próximo ya será otra cosa. En este felicito a Agustín Sánchez de Vega, Agustín Prieto o Agustín Muñoz y al resto de Agustines a los que ahora no recuerdo o no conozco. Echo de menos a dos, el Padre Ríos, que era Agustín Ríos, y al escultor Casillas, que también era Agustín Casillas. San Agustín es uno de los últimos santos veraniegos, los que vienen ya lo hacen envueltos en cierto manto de otoño, como amanecieron ayer las montañas de Candelario. Tronó y cayó un aguacero que llenó el aire de olores a heno, hinojo o espliego, y humedeció unos prados y laderas secos como hacía tiempo que no se veían. Le vendrá muy bien al campo, me dijo la panadera, porque los incendios en septiembre son horrorosos. Después del chaparrón se levantó un cierto vendaval y se hizo necesario aliviar la fatiga del paseo con unas migas en el Refugio. La comida fue en el Candela, que se ha convertido en una de mis casas de comidas favoritas, a espaldas del clásico Tolo y rodeada por fuentes secas que transmiten tristeza, a diferencia de las zarzas, cuajadas de moras, o los castaños con su fruto envuelto en su cáscara de espino. Como ya dije, los veraneantes ha hecho las maletas y los que visitan el pueblo son los de fin de semana que van de paso, de vuelta a casa.
San Agustín fue un santo venerado en Salamanca. Sus escritos eran de obligada lectura en la universidad clásica, y la orden de los agustinos tuvo enorme influencia en un tiempo en el que se disputaban el conocimiento los dominicos, jesuitas y agustinos, y quien dice conocimiento, dice poder. La referencia de los agustinos de aquel tiempo fue Fray Luis de León, que pagó con cárcel su atrevimiento para ciertas cosas y el hábito que vestía. De la misma orden fue Tomás de Villanueva, el santo, no el político, San Juan de Sahagún, que acabó siendo patrono de Salamanca, y el Padre Tomás Cámara, que fue el gran divulgador del santo y promotor de su iglesia en la calle Toro. La Guerra de la Independencia y la explosión del polvorín se llevó por delante el monumental convento de los agustinos, que se convirtió en escombros y panteón de los restos de Fray Luis, que fueron rescatados por una expedición arqueológica y cerrados en una urna, que luego se situó en la capilla de la Universidad de Salamanca.

Lea el artículo completo en la edición impresa de LA GACETA en Orbyt y Kiosko y más

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
La Gaceta de Salamanca On-line Modif.
© Grupo Promotor Salmantino, S.A.
Avenida de los Cipreses, 81. 37004 Salamanca (SALAMANCA).
Tlf: 923 125252 Fax redacción: 923 256155 Fax admon. y publicidad: 923 258404
Aviso legal  |  Política de cookies