Sobre la ciencia

27.08.2017 | 04:45
Joaquín Leguina

Según dejó escrito Bertrand Russell, el saber en tiempos de Galileo era mayoritariamente el que dictaban la autoridad, las religiones, los mitos o los filósofos griegos, que de ciencia sabían bien poco. Por mucho que jugaran con las expresiones utilizadas por las religiones o por los sistemas filosóficos, poco se podía avanzar en el contenido del conocimiento acerca de la naturaleza. Escuchemos a este propósito lo que escribió Santiago Ramón y Cajal:
»Aquella singular manera de discurrir de pitagóricos y platonianos, que consiste en explorar nuestro propio espíritu para descubrir en él las leyes del Universo ya solo inspira sentimientos de conmiseración y de disgusto. Conmiseración, por el talento consumido persiguiendo quimeras; disgusto por el tiempo y trabajo perdidos. La historia de la civilización demuestra la esterilidad de la metafísica en sus reiterados esfuerzos por adivinar las leyes de la naturaleza. Con razón se ha dicho que el intelecto humano concentrado en sí mismo es impotente para dilucidar los más sencillos rodajes de la máquina del mundo y de la vida.
La ciencia con su peculiar metodología (pruebas con el resultado de aciertos provisionales y errores definitivos) ha logrado avances espectaculares en apenas cuatrocientos años. Hoy sabemos, por ejemplo, que la materia está constituida por átomos, cómo funciona una célula, cómo se forma una estrella o una galaxia, cómo se transmite la interacción entre neuronas.

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