El hijo de la Tomasa

26.08.2017 | 04:45
Alberto Estella

Miras su foto y ves un gilipollas disfrazado de terrorista de guardarropía. Gorra a lo Ché Guevara, barba rizada y poblada de pirata del Caribe que no compensa su carencia de carrillos, y pinta de sietemesino y pajillero. En mi pueblo dirían esgalamido, o sea desflaquecido, que es lo que recogió el ilustre boticario villavejense Manuel Fernández de Gatts y Galache en su "Vocabulario charruno". O sea, que no tiene media bofetada, un fistro de Chiquito de la Calzada, que see cree más hombre porque lleva atuendo militar, peines como munición de algún arma automática, y levanta el dedo índice amenazante, ¡a todo Occidente!, y en particular a España. Este cabronazo que reivindicó ante el mundo mundial los atentados de Barcelona y de Cambrils, hizo de portavoz dela yihad porque habla castellano, porque es nieto de unos cordobeses apellidados Pérez y Molleja, e hijo de la Tomasa. Otro ejemplo de que el intento de convivencia multicultural ha fracasado.
La Tomi, su madre, era una joven más que normal hasta que se cruzó en su vida un árabe —con los malos barruntos que ahora confiesan sus avergonzados padres—, que le hizo seis hijos al tiempo que secuestró su personalidad, hasta tal punto que empezó a llevar burka y acabó yéndose a Siria, con su prole —salvo la pequeña, que vive en Marruecos con los abuelos paternos—, al servicio de la guerra contra los infieles. Mientras, su marido cumple condena de diez años por terrorismo en Tánger, el niño, Muhammad Yasin Pérez, alias "El Cordobés", que podía haber sido en España lo que se dice de forma inigualable "un hombre de provecho", se le metió a reivindicar, nada menos que el Califato de Córdoba, que según me recuerda mi tía Red fue allá por el año mil de nuestra era, y acabó como el rosario de la aurora, o como si hubiera triunfado nuestro disgregador cantonalismo de la primera República, con cerca de cuarenta reinos de taifas (hubiera sucedido con Jumilla, Coria y hasta algún pueblo salmantino, que se proclamaban independientes). Se acercó algunos siglos cuando proclamó que vengaría a los musulmanes quemados por la Inquisición, que ya es memoria histórica. Le falta vengar también —cualquier día—, a la Guardia Mora de Franco, obligada a servir a un dictador. Tengo que preguntar a un psicólogo si eso es lo que llaman un trastorno histriónico de la personalidad.

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