Libre y rebelde hasta el final

25.08.2017 | 04:45
Ángel J. Ferreira

Basilio Martín Patino dijo hace algunos años que Salamanca era una buena ciudad para morir. Se correspondía con su visión de nuestra ciudad: decadente, apática, distante, incluso hierática. Y en el fondo recogía la crítica que expresaban sus dos grandes películas: "Nueve cartas a Berta", prólogo de su obra, y "Octavia", testamento y conclusión. Un cine rebelde e inconformista, complejo, nunca panfletario, pero que clavaba su estoque donde más duele. Nunca vi en esas dos películas que abrían y cerraban su filmografía una actitud de desdén hacia Salamanca, sino todo lo contrario: se censura lo que se ama pero se quiere cambiar. Ambas levantaron ronchas en ciertos ámbitos de la ciudad. Nuestro mejor director levantaba acta de muchos de los problemas que nos han llevado hasta donde estamos: la decadencia. Cómo olvidar algunas escenas de "Octavia" que recogían, de modo casi neorrealista, la pobreza que a veces pretende ocultarse por incómoda. Patino dejó constancia de nuestras contradicciones y de la incapacidad para resolverlas.
Pero sería un error ver su cine, fundamentalmente, como una radiografía de Salamanca, aunque ahí esté, pues su crítica ácida y pertinente abarcó toda nuestra sociedad, especialmente la dictadura franquista, el nacionalcatolicismo vigente durante cuarenta años y la injusticia que emponzoñó las estructuras del país, junto con un retrato de una burguesía incapaz de saldar cuentas con sus responsabilidades, chata en sus aspiraciones y contradictoria en sus pautas sociales y políticas.

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