Bravo

22.08.2017 | 04:45
Marta Robles

A YER, antes de que el presunto autor material del atentado de Barcelona cayera abatido, los mossos colgaron un tuit para que la ciudadanía pudiera ayudar a encontrarlo, en el que precisaban sus características físicas. Decía así: Complexión física normal, aproximadamente 1.80, piel oscura, pelo corto, podría llevar barba". A los pocos segundos, aparecía otro de Derechos Humanos, con el siguiente texto: "Desde la Fundación Internacional de Derechos Humanos les exhortamos a no utilizar jamás la expresión "piel oscura" ni otras sinónimas". Está claro que la corrección política nos vuelve del revés. Nos convierte en seres absurdos, vulnerables y encarcelados en nuestra propia estupidez. Que a Derechos Humanos le parezca importante que no se subraye la tonalidad de la piel nos conduce directos al disparate. Invita a pensar si, a partir de ahora, incluso para las descripciones más asépticas de cualquier cosa y sobre todo de cualquier persona, deberemos de hablar como en las canciones -"ojos negros, piel canela que me llevan a desesperar"-, para que nadie se sienta ofendido ni piense que se está agrediendo a nadie.
Escribí hace bien poco en esta misma columna, que estamos viviendo en un tiempo de absoluta estulticia donde la corrección política nos obliga a no llamar a nada por su nombre e incluso a no poder opinar libremente sobre nada, a menos que estemos dispuestos al chorreo de las redes, que fustigan más a quien habla de gordos o flacos (¡por favor!:personas con sobre peso o delgados) que a quien vierte una amenaza de muerte en Internet.

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