No hay libertad sin seguridad

21.08.2017 | 04:45
No hay libertad sin seguridad

No vamos a elegir entre seguridad y libertad". Estas fueron las palabras de Ada Colau dos días después de los salvajes atentados en Barcelona y Cambrils. Puede estar tranquila la alcaldesa de la Ciudad Condal. En ningún momento vamos a tener que escoger entre una cosa y la otra porque ambas son compatibles. Es más. Diría que una es la base de la otra. El problema es que muchas personas de la izquierda política consideran que su libertad se ve amenazada cuando se coloca una cámara de videovigilancia en las calles, cuando se incrementa la presencia policial en determinados espacios o cuando se hace un control más exhaustivo de los pasajeros en los aeropuertos. Craso error.
Después de los atentados del 11-S algunos se llevaron las manos a la cabeza con la prohibición de llevar líquidos en el equipaje de mano de los aviones o porque en el control de acceso a la zona de embarque revisen a cada viajero desde el pelo hasta la punta de los pies. Cualquier persona cabal no puede considerar estas medidas como un ataque a la libertad después de que 3.000 personas murieran a raíz del secuestro de varios aviones.
Libertad es poder subirse a un tren, un barco o un avión y no tener como compañero de viaje a un terrorista armado. Libertad es acudir a un concierto en la Plaza Mayor de Salamanca y que una serie de jardineras impidan el paso de vehículos o que la Policía Local haga cacheos selectivos. Libertad es subir a la Torre Eiffel y que soldados del Ejército francés patrullen con un fusil en el Campo de Marte. Libertad es que los jueces autoricen más registros y escuchas ante la mínima sospecha de radicalización de una persona. Obviamente nada de esto seria necesario si no viviéramos en un estado de guerra contra una amenaza cada vez más cruel y sangrienta. En un escenario como el actual, la seguridad nos posibilita seguir viviendo en libertad. Es más, la seguridad es la única arma que tiene Occidente para salvaguardar su estilo de vida.
Hace tres meses tuve la oportunidad de visitar Israel, un Estado donde la seguridad es una obsesión. Probablemente la señora Colau se sentiría incómoda al ver cómo en el aeropuerto de Tel Aviv unos agentes de seguridad le harían todo tipo de preguntas relativas a su vida privada. Tampoco estaría muy contenta al ver que en las entradas al Muro de las Lamentaciones hay puestos de soldados israelíes con detectores de metales. Y mucho menos que en cada rincón de la ciudad vieja de Jerusalén se encuentre a militares armados hasta los dientes. Para mí eso es libertad. Libertad de poder visitar un lugar que ha sufrido como pocos la barbarie del terrorismo islamista. Libertad para unos ciudadanos como los israelíes que defienden nuestros mismos valores democráticos ante la amenaza de unos vecinos que abogan por las normas del Medievo. Más de uno que pone en cuestión los métodos de Israel debería empezar a comprenderlos después de lo vivido en Barcelona.

Lea el artículo completo en la edición impresa de LA GACETA en Orbyt y Kiosko y más

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
La Gaceta de Salamanca On-line Modif.
© Grupo Promotor Salmantino, S.A.
Avenida de los Cipreses, 81. 37004 Salamanca (SALAMANCA).
Tlf: 923 125252 Fax redacción: 923 256155 Fax admon. y publicidad: 923 258404
Aviso legal  |  Política de cookies