Guijuelo 1967 - 2017

16.08.2017 | 04:45
Alberto Estella

Reaparezco evocando una tragedia, sucedida ayer hace cincuenta años, los trece muertos de Guijuelo, porque acaban de rendirles un justo homenaje, al que me sumo, por aquello de Adam Smith de "mantener despierto nuestro melancólico recuerdo de su desventura", pero también porque fue mi bautismo de fuego? forense. El droguero de Benavente que había suministrado la "Bobolina", cuyos gases hicieron explotar un secadero de jamones cercano a la plaza de toros, acudió para defenderse al prestigioso letrado Antonio Estella, que no solo aceptó llevar el asunto, sino que decidió despedirse de la profesión con tan importante causa, sosteniendo que el culpable de un homicidio –salvando las distancias–, no es el vendedor de la pistola, sino quien la emplea para disparar. Y dispuso, además, que su joven pasante, bregado ya en los Juzgados, debutara en la Audiencia Provincial, junto a él, en estrados, con toga.
Fue un zamorano apellidado Bobo quien registró el producto –tetracloruro y sulfuro de carbono–, tan útil como peligroso en el proceso de curación de los jamones. Como el fipronil empleado ahora en las granjas avícolas del norte de Europa, que ha contaminado millones de huevos. Un contertulio burlón del Casino exhibía un recorte de prensa: "Se llama Bobo y le roban la cartera". Pero los de esa familia que he conocido, especialmente Alberto Bobo Ibáñez, fallecido demasiado pronto, son muy inteligentes.

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