Los aguafiestas

15.08.2017 | 04:45
Los aguafiestas

Esto lo escribí la antevíspera de hoy, Día de la Virgen de Agosto, uno de los grandes del año en el que media España está de fiesta mientras la otra media se apunta a la del vecino para compartir lo bueno de la vida. Ya llegará otro día, el de la Virgen de Septiembre, en el que lo mismo, pero al revés, es decir, la media España que hoy se apunta estará de fiesta mientras que la otra media, la que hoy está de fiesta, se apuntará a la del vecino, y así, ayer por tí, hoy por mí, juntos todos, intentarán sobrevivir al resto del año.
El resto del año lo padecemos día a día, sin pausa, de tal forma que acaba aburriendo. Hoy mismo, en plena fiesta, los hay que se empeñan en aguárnosla, una fórmula eficaz de hacerse notar, que es lo que necesitan para lograr sus propósitos. Y empeñados en ello están, la ocasión les viene a huevo y no piensan desaprovecharla. A ver hasta dónde los dejan, porque mientras no les pongan freno, no paran.
Los aguafiestas se extienden como las plagas de Egipto, implacables, dejando a su paso pobreza y desolación, por lo que cuesta comprender cómo sabíendose como se saben sus consecuencias no lo remediaron nada más aparecer. El primer brote de "turismofobia" (por cierto, muy virulento) se produjo en Barcelona, de donde pasó rápidamente a Palma de Mallorca, a Bilbao y a San Sebastián. Desde entonces no ha parado y se sigue extendiendo —lo dije antes— como una plaga, por Las Palmas, por Málaga..., con poca fuerza, todavía, pero no importa, el tiempo hará el resto si antes no ponen remedio, porque la fuerza se adquiere con la gimnasia, ésta se hace a costa de movimiento y el movimiento ya está en marcha. ¿Que quién y cómo lo parará? Vaya usted a saber, y eso si alguien lo intenta con la suficiente contundencia.
Hay que barrer para limpiar —eso lo saben hasta los más guarros, aunque para ellos barrer no sea quitar la basura sino cambiarla de sitio— y hay que hacerlo antes de que te barran. Lo digo porque ya andan por ahí anunciando la barrida, aunque con cierto retraso, porque quienes inciaron la tarea muchos años atrás, también desde Barcelona, fueron Los Sirex, pero con buenísimas intenciones, con aquella canción suya que decía: Si yo tuviera una escoba/ cuántas cosas barrería... La letra no iba para Premio Nobel, pero con una música pegadiza entraba la mar de bien, y en verano, aún mejor. Si yo tuviera una escoba/ cuántas cosas barrería... Entonces se cantaba, ahora se amenaza.


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