Fiestas, canciones y sexismo

14.08.2017 | 00:31
Fiestas, canciones y sexismo

El calendario y las matemáticas no lo confirman, pero este puente de la Asunción es en la práctica el ecuador del año. Y no sólo por el calor tropical. Es el momento que más asociamos de forma consciente o inconsciente a las vacaciones, el descanso y a la diversión. Locales públicos y plazas de pueblo vibran con esa música bailable, ritmos que mágicamente logran que movamos los pies y el trasero hasta volver a pedir otra ronda en la barra, y luego otra más, al tiempo que las inhibiciones se diluyen entre estribillos pegadizos. Porque, aparte de hacernos mover el esqueleto, las canciones que invaden las pistas de baile dicen algo.
El Instituto Vasco de la Mujer lanzó justo al inicio del verano una campaña de sensibilización social dirigida a prevenir las agresiones sexuales en las fiestas. "También durante las fiestas, una actitud sin miedo" vendría a ser la traducción literal del lema de la campaña. Junto al reparto de carteles y pegatinas, la acción incluía una lista de reproducción de 200 canciones dirigida a bares, comercios y casetas de fiesta cuyas letras favorecen la visibilización de las mujeres como artistas musicales o bien responden a los fines de la iniciativa, es decir, fomentar el empoderamiento de la mujer y rechazar explícitamente las actitudes machistas u homófobas y las agresiones sexistas.
La invitación de Emakunde a que los responsables de pinchar música en las fiestas se impliquen en su campaña de sensibilización ha reabierto este verano el melón de un debate latente desde hace años y que cada vez está más candente: el sexismo (o machismo) en la música. La discusión, que ya ha sembrado de polémica todas las tertulias de los medios de comunicación que no han cerrado por vacaciones, merece ser afrontada con mucho tacto y el respeto con el que hay que recibir una iniciativa que busca la implicación de toda la sociedad en la igualdad entre los sexos. Pero tras el aplauso inicial, desde que supe de la existencia de la lista de canciones de Emakunde, tan válida para las fiesta de Bermeo como para las de Macotera, me invadió cierto desasosiego derivado de esta pregunta: ¿es misión de la Administración sugerirnos qué canciones haríamos bien en bailar en nuestras fiestas y que dejemos de bailar otras porque sus letras marginan la voluntad de la mujer supeditando al varón?
Estamos hablando de expresión artística. Este punto para mí es fundamental. Y me preocupa que un Instituto dependiente de un Gobierno autonómico se haya molestado en clasificar las canciones entre ´buenas´ y ´malas´, partiendo de la premisa de que sus letras pueden inducir a cierto comportamiento indeseable. El repulsivo mensaje que destilan muchos de los éxitos actuales del reguetón está en boca de todos. Pero si ampliamos el foco, ningún género se libra. ¿Alguien sabe si Loquillo empujó a asesinar a alguien al cantar "...que no la encuentre jamás o sé que la mataré. Por favor sólo quiero matarla a punta de navaja, besándola una vez más..." ("La mataré", 1987)? ¿Llegó Ramoncín a incitar a la violación cantando "voy a darte lo tuyo contra la pared"? —la única frase de toda su letra que me atrevo a citar aquí— ("Canciones desnudas" 1982) ¿Llamaba Sting a acosar a las novias cuando cantaba "€ cada paso que des, te estaré vigilando" ("Every breath you take", 1983).

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