Un timador

13.08.2017 | 04:45
Joaquín Leguina

En 1968, año en el que ocurrió casi todo, Carlos César Arana Castaneda, nacido en Cajamarca, Perú, en 1925, y siendo aún estudiante de Antropología en la californiana UCLA, publicó un libro titulado "Las enseñanzas de don Juan". En pocos meses, las ventas le hicieron rico; luego publicó una docena de libros más, dándole vueltas a la misma noria.
Castaneda fue siempre una persona huidiza y dada al misterio. Sólo se conserva una fotografía suya, aunque se sabe que se casó en Perú, abandonó a su mujer y a un hijo y se trasladó a California en 1951. Su segunda mujer, Margaret Runyon, en su libro "Mi marido, Carlos Castaneda", dice que Carlos medía 165 centímetros y que tenía unas piernas "extraordinariamente cortas". Siempre según Margaret, Castaneda había trabajado de taxista, de contable y como dependiente en una tienda de licores.
Castaneda contaba en aquel primer libro que, viajando por México en 1961, conoció a un anciano chamán (don Juan), un indio yaqui que tenía extraordinarios poderes para cuyo ejercicio se drogaba y drogaba a sus "discípulos" con peyote y otras sustancias alucinógenas. El público, dispuesto a creerse cualquier fantasía y más si ésta estaba ligada a las drogas, se tragó las patrañas de Castaneda como si fueran sopa. Sería interminable reseñar todos esos "inventos", pero citaré uno: don Juan, bajo los efectos del peyote, transforma a Castaneda en cuervo y éste sale volando. Ojo, que lo narra, no como una alucinación, sino que se convierte en un auténtico cuervo, vivito y agitando las alas.

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