Los diez años del papel

13.08.2017 | 04:45
Román Álvarez

El futuro de la prensa en papel está en tela de juicio. A cada poco surgen profetas que vaticinan el fin de los periódicos tal como los hemos entendido hasta ahora, y les ponen fecha de caducidad. La cifra de diez años suele ser la más socorrida para el entierro de un enfermo aparentemente desahuciado. ¿Qué será del cruasán del desayuno sin el periódico al lado? Algo debe pasar cuando los profesionales son los primeros en advertir de los cataclismos que se ciernen. Recientemente, el director de "El Diario de León", Joaquín S. Torné, aludía en el título de un libro al "periodismo hecho jirones". Entre los furibundos ataques que sufre esa profesión señala el intrusismo, la manipulación informativa, la autocensura, los intereses empresariales, el deterioro del lenguaje y la siempre problemática transición del papel a los medios digitales.
Puede que estemos al final de un ciclo. De hecho, hay ciertas franjas de edad en las que resulta imposible encontrar un lector de prensa en papel. Lo cual no quiere decir que no se lean periódicos, pero cada vez más en versión digital. La caída en las tiradas —avalada por las inexorables y menguantes cifras de consumo de las toneladas de papel requerido por el sector— no deja lugar a dudas.
La prensa europea se desarrolló de manera extraordinaria a principios del siglo XX como consecuencia, precisamente, del abaratamiento del papel. La Primera Guerra Mundial hizo que se llegara a hablar del patriotismo de los periódicos, dada su influencia en la opinión pública, hasta tal punto que poco después del inicio de la Gran Guerra se estableció en Gran Bretaña una férrea censura, aunque se presentara bajo el eufemismo de Comité de Prensa Neutral. Esa censura fue más necesaria cuando la gente vio que el conflicto se alargaba. La sensación de desánimo se abatía sobre la población civil, que veía cómo sus jóvenes caían por millares en los frentes de Francia y Bélgica. Periódicos como el "Daily Mail" (que lanzaba más de un millón de ejemplares) creaban opinión en las capas bajas y medias de la sociedad, mientras que el "Times" —referencia en el "establishment" británico— seguía siendo el medio más prestigioso.

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