Discursos

09.08.2017 | 04:45
Juan Antonio García Iglesias

Con muchísima frecuencia, por no decir siempre, se habla de los políticos suponiéndoles un nivel de preparación y de razonamiento que por lo general no suelen tener. Ejemplo de esto lo vemos, oímos y leemos todos los días a todos los niveles a cuento de la mediocridad que impera en la clase política, porque se oye cada cosa que clama al cielo. Pero, ¿son conscientes de todo lo que dicen y están capacitados para, en sus discursos, dominar la mente, ordenar las ideas (sean propias o ajenas) y controlar las palabras?
No pocos comentaristas políticos sacan punta de contenidos hueros, donde por mucho que se empeñen no hay nada que rascar, y se recrean en la suerte con unas conclusiones tan majaderas como el discurso, porque lo que se diga debería tener no un valor estándar, para todos el mismo, sino el que realmente tenga no solo por quien lo diga, también por el lugar, el momento y la circunstancia. Por ejemplo, qué valor puede tener lo que se le ocurra decir (da igual el lugar, el momento y la circunstancia) al exjemad, anteayer teniente general del Aire y hoy palanganero del macho alfa, al que solo le mueve el agenciarse un huequecito en las fotos para poder sobrevivir, a quien se le agradece infinito que hable nada, que es a lo que se reduce su discurso.

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