Planeta para merendar

07.08.2017 | 04:45
Planeta para merendar

Llevamos poco más de siete meses de este año 2017 y los habitantes del planeta Tierra ya nos hemos zampado todos los recursos que es capaz de generar nuestro mundo. Seguramente habrán oído o leído la noticia esta semana. Alcanzamos este vergonzoso logro el miércoles 2 de agosto, un día antes que el año pasado, lo que indica que nuestra voracidad consumidora aumenta. Da igual que se intensifiquen los llamamientos al consumo responsable y que abusemos en los medios de apelar a eso de la sostenibilidad. ¿Que qué es eso de la sostenibilidad?, quizás se pregunte a estas alturas alguno de ustedes. Pues esta semana tenemos bien fácil la explicación. Imaginen que su presupuesto les da para dos manzanas en la merienda, pero ustedes se han acostumbrado a comer tres, y da igual de dónde las distraigan. Pues ese ritmo de consumo no es muy sostenible. Y si en lugar de manzanas son viviendas o coches de lujo, los problemas serán con la justicia.
Esta burbuja medioambiental en la que los terrestres estamos atrapados no parece que vaya a reventar, como vivimos en su día en la crisis inmobiliaria, mientras haya recursos explotables débilmente protegidos. El hombre blanco sigue llevándose el oro y la plata a cambio de una cuantas baratijas. En eso no hemos cambiado nada en estos 500 años. Las llamadas a la responsabilidad resuenan en cada cumbre del clima, pero al salir del recinto de congresos, los dirigentes se hacen la foto de familia y evalúan con sus subordinados las pérdidas que los acuerdos han supuesto para su delegación: el futuro del planeta es un compromiso de todos, pero lo que verdaderamente importa es no salir perdiendo más que los demás, no ser el primo de la foto y asegurar una imagen de fortaleza internacional que facilite la próxima reelección.
El maldito cortoplacismo tiene la culpa de todo. Dice un proverbio griego: "Una sociedad se hace grande cuando los ancianos plantan árboles aunque saben que nunca se sentarán a su sombra." Cuánta sabiduría encierra esa frase. Precisamente sabiduría y altura de miras son valores que cada vez cuesta más encontrar entre los dirigentes del mundo. Pero voracidad, si: de eso andan sobrados. Y en esa capacidad para consumir de forma insostenible, el campeón mundial sería Australia. Si en el mundo sólo vivieran australianos que desarrollaran en los cinco continentes su forma de vida a la australiana, la población se zamparía cada año el equivalente a 5,2 veces los recursos del planeta. Detrás irían los estadounidenses, que consumen, hablando en plata, cinco planetas cada año, y por detrás van los rusos y los coreanos del Sur, con 3,4 planetas. España se queda en un modesto 2,4. El Primer Mundo entregado al capitalismo salvaje copa los puestos de cabeza de esta irresponsable clasificación. La población de todo el orbe consume al año 1,7 veces los recursos que ofrece la Tierra. En el extremo opuesto del ranking, los ciudadanos de los países del Tercer y Cuarto Mundo miran este tipo de estudios con escepticismo, mientras se preocupan cada día de dónde encontrar la comida que les permitirá seguir viviendo.

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