Primero de octubre

18.06.2017 | 04:45
Román Álvarez

Una vez apagados los ecos del debate de la censura parlamentaria, espectáculo en el que durante más de cinco horas dominaron los alardes vocingleros de la portavoz-ponente y el timbre impostado y altanero de la "voz" por excelencia, o sea, el jerifalte-candidato, no me resisto a abordar el otro grave asunto de relevancia política: lo que va a suceder —o no— el próximo 1 de octubre en Cataluña.
En lo primero que caí nada más conocer la fecha del referéndum fue en el "Día del Caudillo", algo que me trae evocaciones de aquella escuela de estufa y sabañones, de cabás y enciclopedia, de lapicero y tiza blanca, de cuaderno, pizarra y pizarrín. Allí, encima del encerado, estaba el crucifijo flanqueado por Franco y José Antonio. El primero, tocado con gorro de pico, fajín con borlas y distintivo de general en la bocamanga; el otro, simplemente de falangista con la camisa que se suponía azul, correajes, yugo y flechas.
Pues bien, el primero de octubre era fiesta nacional y no había escuela. El maestro se hartaba de decir que lo que no había era clase, que la escuela seguía en pie ese día y el siguiente. En vano: "Maestro, mañana es el día del caudillo y no hay escuela". Y no la había. Recordemos que esa "fiesta" se instituyó con motivo de la exaltación del "caudillo de la nueva reconquista" a la jefatura del Estado español.

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