Sectarismo

28.05.2017 | 04:45
Joaquín Leguina

Tengo para mí que detrás de la corrupción, aunque no se vea, hay otra tara política: el sectarismo. Me explicaré. Para el político sectario, los suyos, sus próximos, sus cuates, son impolutos y virginales, mientras los adversarios son malvados, demoníacos, sin mezcla de bien alguno. A mi juicio, ha sido el sectarismo lo que, por ejemplo, hizo que Esperanza Aguirre se olvidara de vigilar a sus compañeros de Gobierno. Convencido estoy de que Aguirre no se ha llevado a su casa un euro de dinero público, pero también estoy seguro que depositó toda su fe política y personal en personajes que no se la merecían.
Hace tiempo publiqué un libro dedicado a un puñado de mujeres notables que titulé "Malvadas y virtuosas". La única española viva que figuraba en él era Esperanza Aguirre. Allí aparecía la ex presidenta de la Comunidad bajo un título prestado: "Aguirre, la cólera de Dios", que es como firmaba Lope de Aguirre las cartas incendiarias que dirigía desde América al Rey Felipe II.
Hace unos años, y a la vista de que las obras del Teatro Real amenazaban con concluir tras muchos años de dudas, el ministro de Cultura (creo que lo era entonces Jordi Solé Tura) propuso, y fue aceptado, la formación de un consorcio para regir los futuros destinos de la Ópera madrileña y para cubrir solidariamente los déficits que se iban a producir.

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