El dilema de Águeda

22.05.2017 | 04:45
El dilema de Águeda

La plaza de Cibeles y la fuente de Canaletas son bastante más que una plaza o una fuente. Forman parte de esa amplia relación de lugares que simbolizan un sentimiento, una pasión, una añoranza o incluso un estilo de vida. Las Torres Gemelas de Nueva York eran un monumento no oficial al capitalismo y esa circunstancia las convirtió en objetivo de los terroristas que quisieron golpear al corazón de Occidente. Lo mismo que cualquier incidente violento que suceda en Times Square, como el reciente atropello masivo ocurrido esta semana, nos pondrá siempre en guardia. Son lugares que nuestra cultura revistió de ese simbolismo del que ya no podrán desprenderse. Esta semana todo el mundo habla de un pequeño pueblo de Salamanca que quiere, creo que algo inconscientemente, convertirse en símbolo de la añoranza franquista. Porque, aunque sus vecinos tengan las mejores intenciones, parece que no se dan cuenta del jardín en que se están adentrando.
La iniciativa que desde el domingo pasado defiende como mejor puede Germán Florindo, alcalde de Águeda, pedanía mirobrigense, tiene pocos visos de hacerse realidad, pero ha desenterrado ese guerracivilismo latente que seguimos sin poder curar en este país. Ochenta y un años después del golpe de estado que organizó el general Emilio Mola, "el director", y cuatro décadas después del fin de la dictadura en la que Franco apisonó sin piedad a la media España derrotada, demasiada gente sigue enconada en sus posturas. Ni pedir que se entierren y olviden los asesinatos de la represión ni ensalzar sin medida a la media España derrotada han demostrado ser actitudes adecuadas y suficientes para la reconciliación nacional. Por eso hoy me parece una quimera despojar de simbolismo ese mausoleo del Valle de los Caídos que un día Franco hizo levantar para mayor gloria de la causa que venció por las armas. Da igual que se lleven sus restos: la cruz de Guadarrama fue y seguirá siendo una especie de manzana del pecado original, lleve o no gusano dentro.
Los buenos vecinos de Águeda, con su alcalde al frente, piden acoger los restos de Franco en el caso de que finalmente se acuerde su exhumación. Les mueve el interés de atraer visitantes, generar turismo e impulsar su economía. Piden acoger un "museo de la Memoria Histórica", pero llegan tarde: ya existe un Centro de la Memoria en Salamanca que reúne recuerdos de ambos bandos. En la noche del sábado, German Florindo intervenía por teléfono en un programa televisivo de debate y, ante la posibilidad que le planteaban de que el pueblo pudiera convertirse en un destino de peregrinación de la ultraderecha, el alcalde echaba balones fuera argumentando que su intención no era política. Eso es lo de menos, Germán. Si la intención mayoritaria de los habitantes de Águeda, con su alcalde al frente, es darse a conocer con un museo temático de los símbolos de la dictadura a cambio de prosperidad, a nadie se le escapa que, de hacerse realidad su propósito, la pedanía mirobrigense habría vendido su alma al diablo y abrazaría un estigma franquista mucho más doloroso que el apellido con el que hasta hace poco honraba al "Caudillo".

Lea el artículo completo en la edición impresa de LA GACETA en Orbyt y Kiosko y más

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
La Gaceta de Salamanca On-line Modif.
© Grupo Promotor Salmantino, S.A.
Avenida de los Cipreses, 81. 37004 Salamanca (SALAMANCA).
Tlf: 923 125252 Fax redacción: 923 256155
Aviso legal  |  Política de cookies