Retos del socialismo

11.05.2017 | 04:45
Tomás Pérez Delgado

Más allá de la algo insolente y muy oportunista declaración de Valls de que el partido socialista francés está muerto –división, resistencia al cambio, triunfo de Macron-, lo cierto es que no soplan vientos excesivamente favorables para el socialismo europeo. Absorbido por el Partido Democrático en Italia, amenazado de fractura en España por efecto de la ambición de un tautólogo –el no es no, el sí es sí, ¿recuerdan?-, condenado a la derrota por la pereza mental de Corbyn, desaparecido en combate en Grecia o roto en Francia, se diría que afronta una irrecuperable caída.
Se trata, sin embargo, de un movimiento que hunde sus raíces en el largo ciclo histórico de la industrialización y modernización política de Europa. Y es que, sin los partidos social-demócratas, en conjunción parlamentaria o de gobierno con la izquierda liberal, no hubieran sido posibles ni la fiscalidad progresiva ni la generalización de la educación ni el mismo sufragio universal. Tras la IIª Guerra Mundial, y superado el desgarrador debate entre marxistas y reformistas, propio de finales del siglo XIX y principios del XX, el socialismo fue agente básico en la configuración del Estado Social y en la integración europea. No lo hizo en solitario, sino en cooperación con liberales, democristianos y, en parte, también, aunque tardíamente, con eurocomunistas.

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