Becarios: aprender o trabajar

08.05.2017 | 00:28
Becarios: aprender o trabajar

Por algún sitio guardo la fotocopia de un talón a mi nombre por importe de 50.000 pesetas. Miren si fue simbólico para mí aquel dinero, el primer sueldo que cobraba como periodista, que quise conservar un recuerdo para ese álbum de hitos relevantes en la vida que uno nunca encuentra tiempo para completar. Por entonces en nuestro sector no estaba regulada la figura del becario y nos consideraban empleados en prácticas. Y éramos felices moviéndonos por una redacción de verdad y preguntando cosas a los periodistas de verdad. Pero disfrutar de la experiencia y aprender los primeros trucos del oficio no era remuneración suficiente. En aquella primera empresa en la que trabajé nos pagaban. Nos pagaban en negro y no había contrato alguno, cierto, pero a mediados de los ochenta también era normal que la gente se comprase pisos dando una entrada en mano antes de que la vivienda se escriturase ante notario por un precio total inferior. Eran otros tiempos, Hacienda ya éramos todos, como proclamaba aquella publicidad institucional, pero unos cuantos aún no se habían enterado. Con aquellas 50.000 pesetas me compré mi primer equipo de música en la tienda que había en la esquina de mi casa. Era una de aquellas ´torres´ con plato de discos en la azotea y doble pletina de casete. La tienda luego sería absorbida por una popular cadena de electrodomésticos y finalmente no sobrevivió a la crisis. La cadena de música duró mucho menos.
El debate sobre las condiciones de trabajo de los becarios españoles ha sido una de las polémicas de actualidad de esta semana en todas las tertulias y redes sociales a raíz de unas declaraciones del televisivo chef Jordi Cruz a "El Confidencial". La frase que fue el ojo del huracán: "Un restaurante Michelin es un negocio que, si toda la gente en cocina estuviera en plantilla, no sería viable". De lo que se dijo después ya habrán tenido noticias. Desde "explotador" a "esclavista", el abanico de apelativos que ha recibido el popular cocinero de Masterchef es tan variado como demoledor. Pero leyendo el reportaje completo, lo primero que sorprende es que haya sido Cruz el gran objetivo de las feroces críticas, e incluso de alguna demanda judicial, cuando muchos otros chefs estrella -su compañero Pepe Rodríguez, Juan Mari Arzak, Joan Roca y Martín Berasategui, entre otros- admiten como algo habitual contar con aprendices a los que no pagan. Y no solo chefs de estrella Michelin, sino también restaurantes de medio pelo, bufetes de abogados, empresas de servicios de todo tipo, medios de comunicación... la lista sería muy larga y los casos los conocemos todos.
Todo trabajo debe ser remunerado; este es un punto en el que no creo que quepa mucha discusión. El quid del asunto de los becarios que acuden voluntariamente a aprender junto a un grande de la cocina o a donde sea es si reciben o no un trato respetuoso acorde con una menor exigencia que a un empleado de plantilla. No es de recibo que la labor complementaria que pueda desempeñar un aprendiz en una jerarquía laboral sea imprescindible para la viabilidad del negocio, que es lo que ha venido a decir Jordi Cruz en un arrebato de sinceridad.

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