Lluís Llach

02.05.2017 | 04:45
Juan Mari Montes

Una de las últimas veces que vino a actuar Lluís Llach a Salamanca, nos presentaba en el Palacio de Congresos "Nu", un álbum desnudo, a piano y voz, como el propio título sugería, en el que tras algunos años vistiendo sus canciones con ricas orquestaciones y fastuosos arreglos regresaba de pronto a la austeridad de sus comienzos.
Aunque me gustaban mucho sus canciones, aquella velada nos dejó a más de uno cierta sensación de tomadura de pelo, no tanto por la frugalidad y sobriedad acústica de su último repertorio que tenía su encanto intimista, sino porque en realidad más que un concierto, lo que nos endilgó aquella noche fue un auténtico mitin (aunque eso sí, había que pasar por taquilla) en el que parlamentó mucho más que cantó y donde a pesar de que rondábamos ya el año 2000, más que seducirnos con la belleza de su música, parecía interesado en adoctrinarnos, sermonearnos y darnos el tostón asegurándonos que aunque nos creyésemos que vivíamos en un país democrático vivíamos en una dictadura mucho más perniciosa que la de Franco, aquella contra la que tanto luchó con canciones tan míticas como "L´Estaca".

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