Equilibrios

30.04.2017 | 04:45
Santiago Juanes

Ha sido una semana crítica porque había que decidir si sacábamos de nuevo el abrigo o resistíamos. Los que acudieron a la inauguración de las exposiciones de Barceló en el patio de Fonseca sin abrigo, lo echaron de menos. Y a ninguno de los que lo llevaban se le vio el detalle de compartirlo, como el San Martín de nuestro Corrillo hace con su capa. Barceló, un artista cálido y mediterráneo, trajo el frío, pero también una exposición que nos situó de nuevo en los informativos nacionales, de los que vino, por cierto, Vicente Vallés, pero para hablar de Trump, o sea, de su libro. En compensación, enviamos a Pérez Bowie para disertar de Valle Inclán y la película "Tirano Banderas". Bastaría uno de los cuadros expuestos para solventar la jubilación de muchos de nosotros, ahora que está en cuestión el futuro de las pensiones, comentó alguien en la inauguración de la muestra, a la que acudió como gran estrella Soraya Sáenz de Santamaría, que suele escaparse algún viernes que otro a ver exposiciones, quizás para relajarse del Consejo de Ministros y sus tensiones. De sus cuadros me quedo con los "blancos" lo que demuestra qué raro soy al elegir obras monocromáticas de un maestro del color, pero no doy para más; y me gusta ese recurso prehistórico de aprovechar relieves para imaginar animales o escenas. Aprovechando que veníamos del Lunes de Aguas alguien le podría haber propuesto una perfomance de nuestro clásico hornazo. Al fin y al cabo, el hornazo es también efímero: dura lo que dura, y al tiempo que se difumina adquiere más belleza. O sea, la doctrina Barceló.

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