Chulapa y flamenca

26.04.2017 | 04:45
Santiago Juanes

A la vez que Salamanca se entregaba a los placeres del hornazo y el vino junto al Tormes, esperando la llegada de las putas desde su retiro a la Casa de la Mancebía, Esperanza Aguirre colgaba el hábito que la había convertido estos años en la madre superiora de la política madrileña hasta que apareció Cristina Cifuentes. Dos rubias eran demasiadas "blondes" en el corral de la política, no sé si las dos se hacían o no la rubia, pero una era, sobre todo, una mezcla explosiva de chulapa y flamenca. Una fusión tremenda empeñada, a mayores, en no callarse, como tituló su libro „"Yo no me callo"„ que presentó hace unos meses en el Casino de Salamanca ante una primera fila de populares con mando en plaza. Supongo que algunos, incómodos, por lo que se decía en él.
De alguna manera, Aguirre era una de las nuestras. Tiene finca consorte en Salamanca, buenos amigos, malos enemigos, hoyos en Zarapicos para embocar y restaurantes cerca donde celebrarlo. Tiene la Medalla de Oro de la Ciudad por su papel en la designación de Salamanca Ciudad Europea de la Cultura en 2002.

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