De nuestra muy culta ciudad

22.04.2017 | 04:45
Juan Antonio García Iglesias

Antes fue pan y circo la fórmula empleada para mantener contenta y apaciguar a la plebe. Desde entonces el paso del tiempo vino cambiándolo todo menos la necesidad del pan, que se mantiene desde que el hombre lo inventó. No así la necesidad del circo, que pasó a la historia hace ya mucho. Hoy a aquel circo de entonces le sustituyen otros circos como formas de diversión. Pan y tele (tanto mejor cuanto más basura arroje), pan y fútbol, pan y... lo que sea, porque mientras haya pan y... lo que sea, da igual, los problemas no irán a mayores.
Pan y cultura, alimentos para el cuerpo y para el espíritu. Así "Pan y cultura" llamó Pablo Serrano a la obra de la que es autor, instalada sobre un pedestal de granito colocado en la encrucijada de la calle Brocense con la plaza del Liceo. Se trata de un conjunto escultórico de pequeño tamaño pero de una enorme carga simbólica compuesto de dos manos montaraces, encallecidas por la dura brega, cada mano agarra con fuerza media hogaza de pan que reposan junto a un libro abierto. Mucho en muy poco espacio. Pablo Serrano no necesitó más para hacerse entender más o menos lo que yo entiendo, que es algo así como "no solo de pan vive el hombre", expresión tan sabia y vieja como lo es la palabra de Dios, pues del Evangelio viene, que advierte de la necesidad de nutrir bien no solo el cuerpo, sino también el espíritu. ¿Y qué cosa mejor para ello que un buen pan y un buen libro?

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