Pato cojo y herido

20.04.2017 | 04:45
Julián Ballestero

El pato cojo no toma conciencia de su cojera desde el momento del perdigonazo, sino un rato después, cuando por primera vez intenta despegar del agua y le fallan los apoyos. Y el político, convertido en pato cojo tras la elección de su sucesor, también mantiene el vuelo durante un tiempo, planeando como si nada hubiera ocurrido, hasta que comienza a desaparecer de la bandada la tradicional corte de patos aduladores. Entonces le invade un sentimiento de soledad; incluso de traición, a medida que los más encendidos de los lameculos de cámara comienzan a lisonjear a su heredero.
A Juan Vicente Herrera el perdigonazo se lo soltaron los militantes del PP de Castilla y León en las primarias del pasado 17 de marzo, cuando tumbaron con estrépito a su candidato, Antonio Silván, y encumbraron a Alfonso Fernández Mañueco. Si la militancia hubiera votado al alcalde de León, el proyectil habría pasado de largo y Herrera estaría ahora disfrutando de un plácido dejarse llevar, una apacible prolongación de mandato al frente del Gobierno regional, acunado por los de siempre y querido y honrado por su primogénito leonés.
No fue así, la bala rompió hueso y la cojera se nota y duele. Pese a lo cual, el presidente de la Junta intentó mantener el rumbo y los galones, diciendo que habían ganado los dos aspirantes a la presidencia del partido, que había que integrar a los perdedores (que no habían perdido) y que Mañueco debía respetar tanto a su equipo de consejeros, como su programa electoral y al portavoz del grupo parlamentario.

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