Padres contra profesores

16.04.2017 | 00:20
Padres contra profesores

Están preocupados los maestros de Salamanca por la dañina actividad de numerosos grupos de padres que se dedican a la crítica despiadada contra la autoridad docente, a la maledicencia y al cotilleo, todo ello bajo el pseudoanonimato de whatsapp o cualquier otra red de internautas. Están muy preocupados los docentes, y no es para menos.
Es lo que tienen Internet y la mensajería electrónica, que sirven tanto para un roto como para un descosido. Lo mismo funcionan como un arma maravillosa para fomentar la educación con su ilimitada capacidad de localizar conocimientos que convierten el colegio en un patio de cotillas.
Quién nos hubiera dicho, cuando arrancó esto del Facebook y el guasapeo, que los grupos de familias aliados para compartir los deberes de los niños podían llegar a representar un peligro para los enseñantes. Nadie podía imaginarlo, pero resulta que los colectivos de progenitores han acabado en muchos casos por constituirse en grupos de presión, en verdaderos inquisidores habilitados para poner en la picota a los profesores.
Es lo que les faltaba a nuestros enseñantes, cuya autoridad viene siendo socavada desde que los socialistas la dinamitaron con aquella LOECE de 1980, la norma que concedió la razón por sistema a los alumnos e instauró la democratización de la mediocridad y el repudio de la excelencia. Desde entonces no hemos sufrido sino parches, ocurrencias y vaivenes ideológicos que han ido llevando la educación hacia el abismo en el que nos acaba localizando año tras año el informe PISA, con los profesores postrados ante la primacía de la opinión de los padres y sin capacidad alguna para hacer valer su autoridad a los chavales.
Los sucesivos gobiernos socialistas han conseguido imponer la molicie y el coladero en contra de la cultura del esfuerzo y el trabajo en las escuelas, institutos y universidades, mientras que los ejecutivos liderados por el PP han sido incapaces de devolver las aguas al cauce del mérito y el esfuerzo.
El sistema de enseñanza en España se ha dado la vuelta como un calcetín, y en lugar de avanzar en el camino de la excelencia, apoyado en las nuevas tecnologías y en la profesionalidad de los enseñantes, se ha estancado en la trampa de la democracia, de tal manera que a la hora de marcar las pautas docentes lo mismo cuenta la opinión de un catedrático volcado en la enseñanza que la de un universitario abonado a hacer novillos, y lo mismo se tiene en cuenta el criterio de un maestro con treinta años de experiencia que la de un padre encumbrado por las elecciones de la AMPA del centro.
El conflicto con los deberes, que aparece en la raíz de ese movimiento paternal contra el profesorado, condensa como un crisol las nuevas tendencias educativas. Los padres, de una generación que ya creció con las leyes del mínimo esfuerzo, no quieren que sus hijos hagan deberes.

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