La entrega-trampa de ETA

09.04.2017 | 04:45
Julián Ballestero

Cuando hablo de ETA pienso en las víctimas. Pienso en el comandante salmantino Juan José Aliste, en los 829 españoles asesinados por la banda, en los cientos de heridos y en los miles de familiares que siguen sufriendo el desprecio de una buena parte de la sociedad y de la elite política vasca. En su nombre hay que denunciar el patético paripé, el obsceno montaje de la entrega de armas que tuvo lugar ayer en Francia, acompañado de un execrable festejo proetarra en Bayona. Solo los comunistas y filoterroristas, como la cúpula de Podemos, pueden aplaudir semejante indecencia.
Los pocos y asustados terroristas que siguen perteneciendo a la banda indicaron ayer a la policía gala el lugar donde escondían unas cuantas pistolas herrumbrosas y dos toneladas de kilos de explosivos caducados. Un material inservible de una banda criminal vencida por las fuerzas de seguridad del Estado, cuyos integrantes solo ven ante sí el destino de la huida o la cárcel. No hay nada que agradecerles, ni mucho menos hay nada que concederles a cambio de ese timo de la estampita.
ETA fue vencida en el terreno de la delincuencia y el crimen organizado por la Guardia Civil, la Policía Nacional, los gendarmes franceses y la Policía Vasca; en el terreno de la política fue derrotada cuando se unieron todos los partidos democráticos para rechazar su abyecta existencia; y en el plano social fue arrinconada por los millones de españoles que se lanzaron a la calle para llamarles criminales a partir del vil asesinato de Miguel Ángel Blanco.
Diezmada en su lista de facinerosos, infiltrada por las fuerzas de seguridad del Estado, sin capacidad alguna para seguir matando como le hubiera gustado, ETA debió desaparecer hace una década, pero estaba en el Gobierno de España un tal José Luis Rodríguez Zapatero, que pretendió pasar a la historia como el tonto útil que negociaba una ´tregua definitiva´ y lo hizo a cambio de meter a los terroristas en las instituciones. Ese gravísimo error no ha sido corregido por Mariano Rajoy y estamos llegando al final de la historia de la banda con los Oteguis y otros delincuentes convictos al mando y a sueldo de ayuntamientos y diputaciones vascas. Una auténtica vergüenza y un insulto a las víctimas.

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