Vaya la cruz por delante

08.04.2017 | 04:45
Juan Antonio García Iglesias

Mañana, Domingo de Ramos, empieza la Semana Santa, en la que miles, decenas de miles, centenares de miles de españoles, movidos por la fe, por la tradición... o por lo que sea, porque cada cual lleva su propia procesión por dentro y esa es la única que vale, convierten las calles de España en bulliciosas vías dolorosas camino todas ellas de un calvario que más, menos o nada se corresponde con el que debería ser, siendo este detalle el que a muchos menos importa de esta celebración.
Todo el año pensando en este momento hace que en algunos la paciencia se agote, por tanto no esperen y se echen a "procesionar" la antevíspera del primer día, porque las procesiones como Dios manda comenzaron ayer, Viernes de Dolores, eso sin contar las salidas callejeras durante toda la cuaresma que, conforme avanzaba, se iba animando. Que si ensayos, que si traslados, que si vía crucis, que si... en fin, lo que fuese, el caso era ponerse manos a la obra para llegar en forma a la cita anual. Y por lo que hemos venido viendo y oyendo durante estos días, en forma están.
Un año más, y si el tiempo no lo impide, que de momento es lo único capaz de ello, aunque, por lo que está aún por llegar y se barrunta venir „¡Dios no lo quiera!„, todo se andará, España volverá a ser ella misma por muy doloroso que para muchos esto sea, y España en Semana Santa sabemos qué es, un sin parar de cofradías con sus Cristos, Vírgenes y toda su parafernalia marchando calle adelante entre multitudes, guiadas por la cruz que marca la senda a seguir y siguen sin prisas y con pausas, en cada lugar a su manera, tan variada como lo es España, que se refleja tal cual es en sus formas de hacer las cosas, y la Semana Santa es una de ellas. No hay dos iguales, puede haberlas parecidas, pero no iguales, somos tan nuestros que nadie permitiría semejante comparación.
Pues en capilla estamos. A ver qué tal se nos da esta vez, otra más de las muchas que llevamos en la cuenta, tantas, que ha habido de todo, porque somos así y no aprendemos de nosotros mismos porque nos esforzamos (y cada vez más) en despreciarnos olímpicamente. Nuestro deporte nacional es el de llevarnos como el perro y el gato. Practicándolo nos lo pasamos de lujo y de lujo se lo pasará alguna cofradía si por un casual se cruza en el camino con otra que pasaba por allí. No sería la primera vez.

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